Política en la mesa: receta para el éxito diplomático
La comida une a las personas y crea vínculos. Es uno de los rituales de cohesión más antiguos. Pero cuando los comensales son jefes de Estado, miembros de la realeza, dignatarios, altos cargos o delegaciones, la comida adquiere una función completamente distinta. Las cenas y banquetes oficiales muestran la cultura, la gastronomía, la etiqueta y los valores de una nación. En conjunto, fomentan una comprensión y un respeto recíprocos, fundamentales en cualquier relación diplomática. Estas reuniones están repletas de elecciones simbólicas, y el menú es una de ellas. A veces de forma sutil, otras de forma intencionada, la elección del menú puede llegar a provocar tensiones diplomáticas.
La política de la diplomacia gastronómica
Un equipo de investigadores se propuso demostrar cómo un menú despliega su poder político mediante un análisis detallado de cientos de menús de actos diplomáticos organizados en Portugal durante los siglos XX y XXI. Sus descubrimientos se acaban de publicar en la revista «Frontiers in Political Science»(se abrirá en una nueva ventana). Para comprender mejor cómo las comidas simbolizaron y configuraron la política exterior y la geopolítica de Portugal, los investigadores analizaron los menús servidos en más de 450 cenas diplomáticas, banquetes de Estado y recepciones oficiales celebradas entre 1910 y 2023. «Esas comidas tienen una gran importancia como instituciones diplomáticas en la ejecución y continuidad de la política exterior portuguesa», comentó el primer autor del estudio, Óscar Cabral, investigador en ciencias gastronómicas de la Universidad Mondragón de España, en una noticia(se abrirá en una nueva ventana). «Demuestran cómo las prácticas culinarias y gastronómicas han facilitado las negociaciones diplomáticas y brindado oportunidades para el intercambio cultural, la transmisión de mensajes políticos y la difusión de la cultura portuguesa».
Cuando la diplomacia llega a la mesa
Cabral añadió: «Los menús pueden diseñarse intencionadamente para transmitir mensajes políticos y comunicar aspectos no gastronómicos. Por ejemplo, en la comida oficial de la COP25 celebrada en Madrid, se utilizaron nombres de platos como “Mares calientes. Comer desequilibrio” y “Urgente. Minimizar la proteína animal” para llamar la atención sobre los problemas climáticos». Durante la primera mitad del siglo XX, las opulentas comidas de nueve o diez platos basados en la cocina francesa eran la práctica común. La introducción de productos portugueses se produjo gradualmente durante la segunda mitad del siglo XX. Un punto de inflexión tuvo lugar durante el Estado Novo, el régimen dictatorial de António de Oliveira Salazar, que duró de 1950 hasta principios de 1960. «Observamos un cambio fundamental hacia la inclusión y promoción de los productos, el territorio y el regionalismo culinario portugués», explicó Cabral. Durante este periodo, las comidas se diseñaron para reflejar un incipiente gastronacionalismo, es decir, el uso de la comida para crear, expresar y promover la identidad nacional. «Esto se cristalizó en el “almuerzo regional” de 1957 ofrecido a la reina Isabel II, cuyo objetivo era transmitir un sentido de territorio y de “portugalidad”». Entre los platos figuraban langosta y tartas de frutas de las ciudades portuguesas de Peniche y Alcobaça. Durante los años sesenta y setenta del siglo XX, las comidas diplomáticas incorporaron cada vez más ingredientes exóticos. Los investigadores identificaron cinco funciones distintas de las comidas diplomáticas. Las comidas tácticas suelen estar relacionadas con transferencias territoriales. Las geopolíticas buscan renovar y consolidar alianzas. Las comidas de diplomacia económica pretenden fomentar las relaciones comerciales y financieras entre países. Las comidas de cooperación científica, cultural y para el desarrollo pueden organizarse para mostrar intereses comunes. Las comidas de proximidad cultural pueden ser una herramienta para fortalecer los lazos culturales con países específicos. «Nuestro estudio ilustra cómo las cocinas nacionales pueden utilizarse de forma estratégica para fortalecer la posición internacional de un país», concluyó Cabral. La próxima vez que eche un vistazo al menú de su restaurante favorito, considere que uno o más de sus platos pueden haber cumplido una función destacada en las relaciones internacionales en algún lugar del mundo.