Nuevas perspectivas sobre los asentamientos neolíticos en tierras áridas
Durante la segunda mitad del Neolítico (aproximadamente 7 500 a 5 000 a. C.) en Oriente Próximo, las poblaciones se desplazaron hacia los márgenes áridos del Creciente Fértil(se abrirá en una nueva ventana) de maneras hasta entonces no observadas. Este acontecimiento, clasificado como «conquista», «migración» o «colonización», ha sido estudiado por separado en distintos ámbitos por diferentes equipos. Ahora, el proyecto MARGINS(se abrirá en una nueva ventana), financiado por las acciones Marie Skłodowska-Curie(se abrirá en una nueva ventana), ha llevado a cabo una investigación exhaustiva para obtener una perspectiva integral. En la investigación, se estudiaron diez áreas, con datos que abarcan dos milenios, procesando información de unos ciento cincuenta yacimientos arqueológicos recopilados por equipos internacionales durante los últimos cincuenta años. Las estepas y los desiertos de Oriente Próximo, conocidos por su aridez y su baja idoneidad para la agricultura y la ocupación permanente, se han considerado durante mucho tiempo como espacios vacíos o marginales. Hasta ahora, se creía que solo albergaron campamentos dispersos de grupos nómadas y, en gran medida, se habían excluido de los relatos sobre la transición neolítica hacia el sedentarismo basado en la agricultura en el Creciente Fértil, considerado la «cuna de la civilización». Los investigadores de MARGINS pusieron en entredicho la idea de marginalidad de estas áreas y de las personas que las habitaron. «Ahora tenemos pruebas suficientemente sólidas para justificar su integración en la definición de la neolitización en Oriente Próximo», comenta Marie-Laure Chambrade, investigadora principal.
Oportunidades en los márgenes
En el proyecto se reevaluó cómo los grupos neolíticos se adaptaron a entornos áridos adversos que, en aquella época, tenían más agua, vegetación y fauna que hoy en día. En lugar de haber sido empujados fuera del Creciente Fértil por el deterioro climático o la presión demográfica, Chambrade sostiene que muchos grupos se vieron atraídos hacia los márgenes por las oportunidades. «Estos desplazamientos ponen de manifiesto una combinación oportuna de situaciones favorables aprovechadas o provocadas, junto con logros técnicos en algunos ámbitos y el atractivo de recursos relacionados con la fauna y la explotación de minerales». Para comprender mejor este fenómeno, el equipo de MARGINS desarrolló una metodología integral. Utilizando un sistema de información geográfica, creó un método estandarizado, comparativo a múltiples escalas para analizar datos arqueológicos y ambientales heterogéneos. Gracias a este análisis, se postuló la existencia de una fuerza central que quizá impulsó esta conquista: el desarrollo temprano del pastoreo nómada. Este modo de vida «partió de una combinación de tradición (movilidad) e innovación (gestión de rebaños domésticos) que demostró su eficacia para habitar estepas y desiertos, y resistió el paso del tiempo», explica Chambrade. Los grupos adoptaron estrategias mixtas, que combinaban el pastoreo y la caza, y que se complementaron con actividades artesanales. Una actividad artesanal reconocida como una actividad económica importante en las regiones áridas es la producción de cuentas de piedra. El equipo de MARGINS recopiló pruebas de sus diferentes etapas. «Cada etapa de la producción de cuentas se pudo haber organizado por separado dentro de un territorio por diferentes grupos, o partes de un grupo, con sus propias habilidades artesanales», comenta Chambrade.
Resiliencia en entornos adversos
En MARGINS se corroboró que las estepas y los desiertos no fueron ni mucho menos espacios vacíos. «Lo que consiguieron va más allá de la adaptación: se trata de una verdadera apropiación del paisaje», observa Chambrade. Los descubrimientos del proyecto trascienden la arqueología y la prehistoria, ya que pueden servir también para hacer frente a problemas actuales como, por ejemplo, el cambio climático. «Es cierto que hoy somos muchos más en la Tierra y que algunos aspectos no son comparables en absoluto, pero la adaptabilidad, trabajar con el entorno natural en lugar de ir contra él, parece ser un punto esencial para lograr un futuro sostenible», concluye Chambrade.