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A Comparative Study of Voice Perception in Primates

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Los humanos no son los únicos que procesan voces, los monos también pueden hacerlo

La evolución del cerebro vocal de los primates arroja luz sobre el desarrollo del habla y el lenguaje de nuestros antepasados humanos, hace cientos de miles de años.

La voz es una de las señales sociales más ricas, ya que no solo transmite el habla, sino también una riqueza de señales no verbales fundamental para las interacciones sociales. «Cuando oímos una voz, no oímos solo un sonido, oímos a una persona, a menudo a partir de un solo enunciado, y resulta que otros primates comparten esta capacidad», explica Pascal Belin, coordinador del proyecto COVOPRIM, financiado por el Consejo Europeo de Investigación(se abrirá en una nueva ventana). Según Belin, la mayor parte de la investigación sobre la voz se ha centrado en el habla(se abrirá en una nueva ventana), lo que ha dejado un vacío en el conocimiento sobre las señales no verbales, a pesar de que estas tienen una historia evolutiva más larga. Así pues, COVOPRIM comparó los aspectos conductuales y cerebrales de la percepción de la voz en humanos y primates, «para deducir qué mecanismos se han conservado a lo largo de la evolución y cuáles son específicos de cada especie», explica Belin, de la Universidad de Aix-Marsella(se abrirá en una nueva ventana), entidad anfitriona del proyecto. Los resultados sugieren que, cuando nuestros antepasados comenzaron a utilizar la voz para hablar, sus cerebros ya contaban con los mecanismos neuronales necesarios para ello.

Pruebas conductuales y cerebrales del procesamiento de la voz

El equipo de COVOPRIM utilizó procedimientos experimentales similares en humanos y monos. Se eligió a los macacos y a los titíes debido a su amplio uso en modelos de neurociencia y a que presentan un repertorio vocal variado. En dos comparaciones evolutivas humanas, las vocalizaciones de los macacos son más parecidas a las de los humanos que las de sus primos titíes, más agudas. En un conjunto de experimentos, los sistemas de pruebas automatizadas presentaron tareas de percepción de la voz de dificultad creciente. Por ejemplo, los monos tenían que pulsar una pantalla que coincidiera con los estímulos vocales, ignorando las distracciones sonoras deliberadas. Sin entrenamiento ni orientación, los monos tuvieron que desarrollar sus propias estrategias y fueron recompensados con golosinas, lo que les incentivó a jugar millones de veces. A continuación, se sometió a los humanos a pruebas exactamente en las mismas condiciones, sin instrucciones verbales. «Hemos observado una gran variación en la capacidad de percepción de la voz tanto entre personas como entre monos, por lo que hemos podido cuantificar su sensibilidad a las señales vocales, como el tono», señala Belin. En otro experimento, el equipo utilizó resonancia magnética funcional comparativa para escanear cerebros humanos, de macacos y de titíes. Utilizando el mismo escáner y los mismos estímulos auditivos (voces humanas y de monos, junto con sonidos de control no vocales), el equipo demostró que las «áreas de la voz» humanas también están presentes en estos monos. «Aunque se sabía que la separación entre los monos del Nuevo Mundo y los del Viejo Mundo se produjo hace unos 40 millones de años, se desconocía si el antepasado común poseía estructuras cerebrales especializadas para analizar las vocalizaciones de individuos de la misma especie. Nuestros resultados indican que efectivamente fue así», añade Belin. En otra serie de experimentos se investigaron las propiedades de las neuronas individuales en las áreas del lenguaje de los macacos. Se implantaron matrices de electrodos de alta densidad en las áreas del habla de tres macacos. A continuación, el equipo registró la actividad de cientos de neuronas en respuesta a estímulos vocales. «Hemos confirmado la existencia de “células vocales” en el cerebro del macaco —neuronas que responden de forma selectiva a las vocalizaciones de este animal—, un campo de investigación que hasta ahora apenas se había estudiado. Además, descubrimos de forma inesperada que hay neuronas en los macacos que parecen ser selectivas para la voz humana, ya que se activan al menos el doble que ante sonidos no vocales. Resulta intrigante, porque los seres humanos y los macacos no han coevolucionado. Quizá se explique por el hecho de que los macacos de laboratorio han escuchado voces humanas todos los días desde que nacieron», señala Belin.

Implicaciones para los tratamientos patológicos

Belin sugiere que los resultados de COVOPRIM podrían contribuir a mejorar el diagnóstico y el tratamiento de afecciones que afectan al procesamiento de la voz, como el autismo o la esquizofrenia. Por ejemplo, podrían servir de base para implantes corticales de nueva generación destinados a restaurar o mejorar la percepción de la voz. «Ahora que sabemos dónde se procesan las voces, tenemos previsto investigar cómo ocurre esto: ¿Cómo están organizadas las células vocales? ¿Cuáles son sus mecanismos de cálculo? ¿Hasta qué punto son artificiales? ¿Son necesarias estas neuronas para la percepción?», pregunta Belin.

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