De residuo a recurso: un proceso ecológico para reciclar aceites de cocina usados
El aceite de cocina es uno de los productos más utilizados en todo el mundo, ya que los hogares y la industria de la restauración dependen de él para preparar alimentos. Solo en Europa, se calcula que una persona gasta aproximadamente unos ocho litros de aceite de cocina al año(se abrirá en una nueva ventana), que luego se convierten en residuos y, por consiguiente, en una fuente de contaminación importante. Una solución a los problemas medioambientales que plantea el aceite de cocina desechado es su reciclado; sin embargo, la tecnología existente (salvo para la producción de biodiésel) no ha respaldado plenamente los avances en este campo hasta ahora. El equipo del proyecto WORLD(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, tenía como objetivo desarrollar un sistema fiable de valorización del aceite de cocina usado (WCO, por sus siglas en inglés) que superara las limitaciones actuales y abriera la puerta a los subproductos sostenibles. «Cuando comenzó WORLD, vimos que la mayor parte del reciclado del WCO se basaba en la simple decantación y filtración. Esto puede eliminar solo parte de las impurezas, pero no es suficiente para una verdadera reutilización de alta calidad del aceite en nuevos productos, como los biolubricantes», explica Andrea Mele, coordinador del proyecto. «El sector disponía de reciclaje, pero aún no de un sistema bien diseñado, de residuo cero y robusto desde el punto de vista industrial», subraya.
Un proceso limpio y ecológico
Para poder reutilizar el WCO, primero hay que purificarlo. Para ello, Alberto Mannu, del equipo de WORLD, introdujo un método de dos pasos que utiliza medios sencillos y naturales. En primer lugar, el WCO se lava con agua en condiciones controladas de temperatura y pH. Después, si es necesario, se trata con bentonita, una arcilla natural, abundante y muy absorbente, de origen volcánico. Este proceso de limpieza proporciona un aceite regenerado, adecuado como materia prima para biolubricantes, así como para la fabricación de otros productos útiles. Las aguas residuales del proceso se gestionan, recuperan y utilizan en un nuevo ciclo de reciclado. También se recogen los residuos sólidos para evaluar su reutilización o valorización.
De las ideas derivadas a las aplicaciones nuevas
Aunque el objetivo inicial de WORLD fue convertir el WCO en biolubricantes, el trabajo del proyecto pronto condujo a otras aplicaciones prometedoras. Una de ellas era utilizar el WCO como material para capturar compuestos orgánicos volátiles (COV) del aire contaminado. Estas sustancias químicas basadas en el carbono son responsables de una plétora de efectos adversos para la salud humana y el medio ambiente(se abrirá en una nueva ventana); por lo tanto, eliminarlas del aire o del agua es de vital importancia. Otra aplicación consistió en la conversión química del WCO en glicerol y una mezcla de ácidos grasos libres, como el ácido oleico, mediante hidrólisis ácida y posterior basificación: ambos subproductos de origen vegetal se probaron como componentes de los llamados disolventes eutécticos profundos (DEP), una clase de compuestos menos tóxicos y también más baratos que los disolventes tradicionales. El uso de DEP en procesos químicos es totalmente coherente con el principio de la química verde de utilizar reactivos y disolventes de fuentes renovables en lugar de fósiles. «Algunas de estas ideas ya están a nivel de prueba práctica de concepto, especialmente la captura de COV; otras están aún en una fase inicial, pero muestran un gran potencial de cara al futuro», afirman Mannu y Mele.
De la concienciación pública a la acción política
Una parte importante del trabajo del equipo del proyecto consistió en comprender el mercado, poner en marcha iniciativas de formación y fomentar la participación pública. A un sentido más amplio, los resultados de WORLD pueden apoyar mejores decisiones a nivel de la Unión Europea (UE) sobre la recogida y el tratamiento de los WCO basadas en pruebas técnicas reales de su potencial de circularidad. Los resultados también pueden encontrar aplicación fuera de Europa, especialmente en zonas en las que se producen grandes cantidades de WCO. «La visión a largo plazo es hacer que esta tecnología sea replicable: adecuada para diferentes regiones, diferentes escalas y diferentes contextos industriales», concluye Mele.