Diseño abierto: promover el desarrollo inclusivo de videojuegos en Europa
El sector europeo de los videojuegos aún puede crecer por vías poco exploradas. El establecimiento de vínculos más sólidos con la cultura, la educación y otros ámbitos públicos podría ayudar a diversificar su base de innovación y a llegar a nuevos públicos. No obstante, las empresas más pequeñas no siempre cuentan con el personal cualificado, los recursos o la visibilidad necesarios para crecer. El proyecto financiado con fondos europeos i-Game(se abrirá en una nueva ventana) tenía por objeto cambiar esta situación. i-Game no se propuso competir con los procesos ya consolidados de producción de videojuegos, sino ampliar el ecosistema que los rodea. «Su aportación consiste en abrir nuevas vías de creación de videojuegos para organizaciones y comunidades con contenidos sólidos, conocimientos especializados o relevancia social, pero con un acceso limitado a las estructuras convencionales de desarrollo», explica Sotiris Diplaris, coordinador del proyecto. i-Game ha incorporado al sector europeo del videojuego socios e ideas procedentes de ámbitos que no suelen formar parte del desarrollo de videojuegos, como los museos, el patrimonio, la educación o la moda.
Una plataforma para perfiles no especializados
El principal resultado es una plataforma de código abierto y de libre acceso que guía al usuario paso a paso durante el diseño de videojuegos, sin los costes ni las limitaciones de las herramientas propietarias. Los entornos de desarrollo convencionales suelen exigir conocimientos técnicos previos. La plataforma de i-Game, en cambio, convierte la lógica básica del diseño de videojuegos en un proceso estructurado y accesible para perfiles no especializados. Ese proceso de creación conjunta, inclusivo y colaborativo, ayuda a definir los objetivos, el público destinatario, las motivaciones, la narrativa, las mecánicas de juego, el relato, los aspectos estéticos creados por inteligencia artificial, las decisiones de inclusión y el impacto previsto. El resultado es un documento de diseño de juego estructurado. Este documento permite a los usuarios no especializados transformar una idea en un concepto de videojuego y proporciona una referencia común para el desarrollo ulterior. «Esta estructura no predetermina el resultado. Ofrece a los usuarios un marco claro, sin limitar su libertad para adaptar el concepto a su contexto y a sus objetivos», señala Diplaris. El trabajo no se limita a la creación conjunta: también tiende puentes entre el diseño y la producción. La plataforma cuenta con herramientas complementarias, entre ellas un constructor de mundos en realidad virtual para crear prototipos tridimensionales con rapidez y tecnologías basadas en inteligencia artificial para entrenar personajes no jugadores, generar diálogos relacionados con la historia y ajustar el equilibrio del juego. La plataforma está plenamente operativa, cuenta con 190 usuarios registrados y 122 proyectos de videojuegos, tanto del ámbito público como del privado, y ya se ha probado en tres países, lo que ha dado lugar a diferentes prototipos. En Estonia, los equipos desarrollaron videojuegos con raíces culturales basados en el patrimonio textil y la artesanía popular. En Italia, varias iniciativas abordaron la moda sostenible, la reparación y el supraciclaje en relación con colecciones museísticas. En Grecia, un proyecto se centró en las habilidades para vestirse y la accesibilidad de los niños con autismo.
Diseño ético y repercusión social
El enfoque de i-Game se distingue por situar el diseño ético al principio del proceso. La inclusión, la accesibilidad y la responsabilidad no se tratan como correcciones posteriores, sino como criterios integrados desde las primeras decisiones de diseño. El proyecto pone de relieve los retos persistentes en el sector de los videojuegos, como la infrarrepresentación de las mujeres(se abrirá en una nueva ventana) y el riesgo de que las herramientas de diseño basadas en inteligencia artificial reproduzcan sesgos existentes si no se integran las consideraciones éticas desde la fase de diseño. En el proyecto también se identificaron una serie de principios de diseño para desarrollar videojuegos con valor social. El equipo observó que se genera impacto cuando el diseño parte de necesidades reales de los usuarios y establece desde el inicio objetivos claros y medibles. Además, los conceptos más prometedores convierten la relevancia social en un juego atractivo, en lugar de recurrir a mensajes didácticos. Diplaris también destaca la continuidad entre el videojuego y el mundo que lo rodea: «Varios conceptos no solo buscan informar, sino también fomentar la reflexión en el mundo real, la reparación, la reutilización o la implicación cultural más allá del juego». i-Game también ha generado conocimientos metodológicos sobre la creación conjunta como proceso riguroso y sostenible, más allá del desarrollo de la plataforma. «Una plataforma, por sí sola, no basta; importa igualmente la manera en que se organiza la participación en torno a ella», concluye Diplaris. Esa organización requiere funciones bien definidas, mecanismos de gobernanza y circuitos de retroalimentación. Estos elementos ayudan a comprender qué hace que un ecosistema colaborativo de creación de videojuegos funcione con eficacia.