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Real-time nutrient sensing for mapping fertilizer needs

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Una fertilización más inteligente, cultivo a cultivo

En un proyecto financiado por el Consejo Europeo de Innovación se ha desarrollado una prueba rápida para medir los nutrientes que podría ayudar a los agricultores a aplicar los fertilizantes con mayor precisión y reducir así los costes y las emisiones sin disminuir el rendimiento de los cultivos.

Determinar la cantidad adecuada de fertilizante que debe aplicarse a un cultivo exige encontrar un equilibrio difícil. Una cantidad insuficiente puede reducir el rendimiento, mientras que un exceso supone un derroche de dinero y puede contribuir a las emisiones de gases de efecto invernadero y a la contaminación por nitratos. En el proyecto LiveSen-MAP(se abrirá en una nueva ventana), financiado por el Consejo Europeo de Innovación, se ha desarrollado un método rápido para que los agricultores midan cuánto nitrógeno y fósforo han absorbido sus cultivos antes de que aparezcan signos visibles de carencia. «La solución desarrollada optimiza la aplicación de fertilizantes en función de las necesidades nutricionales de las plantas antes de que la carencia se haga visible», comenta Tobias Vöpel, coordinador del proyecto en la Universidad Técnica de Múnich(se abrirá en una nueva ventana) (Alemania). Este método podría resultar muy útil ante unas condiciones meteorológicas cada vez más impredecibles. «Esto tiene una gran importancia en caso de fenómenos meteorológicos extremos, ya que la escasez de lluvia puede inhibir la absorción de nutrientes, mientras que las lluvias torrenciales y concentradas los arrastran antes de que las plantas puedan absorberlos», explica Vöpel.

De las mediciones sobre el terreno a los mapas de fertilización

El equipo del proyecto desarrolló una prueba portátil que permite efectuar directamente en el campo un análisis de nutrientes con una precisión equiparable a la de un laboratorio. «Hemos desarrollado un laboratorio instantáneo y fácil de usar que cabe en la palma de la mano. Apenas requiere formación ni preparación de las muestras», destaca Vöpel. Miles de tiras reactivas para detectar nitratos y fosfatos se probaron con agricultores de Alemania, Croacia, Hungría y Serbia. Sus observaciones permitieron introducir cambios para facilitar el manejo de las tiras. Las mediciones se combinan con imágenes de satélite para dividir los campos en un máximo de tres zonas según el estado de los cultivos. A continuación, los agricultores pueden medir los nutrientes en puntos seleccionados y recibir recomendaciones de fertilización adaptadas a cada zona.

Menos fertilizantes, menos costes

Los ensayos de campo ofrecieron resultados alentadores. Los agricultores que siguieron las recomendaciones redujeron hasta un 25 % el uso de fertilizantes sin que disminuyera el rendimiento de los cultivos, lo que supuso un ahorro de unos 90 euros por hectárea. En otros casos, ajustar los insumos para satisfacer una mayor demanda de los cultivos mejoró el contenido proteico o los rendimientos, con un aumento estimado del margen de contribución de unos 160 euros por hectárea. toneladas de CO2 equivalente por hectárea. Si esta tecnología se adoptara a nivel de toda la producción de trigo en la Unión Europea(se abrirá en una nueva ventana), se estima que podría reducir las emisiones entre 6,4 y 8,4 millones de toneladas de CO2 equivalente al año.

Hacia la comercialización

Uno de los principales retos consistió en recopilar suficientes mediciones en distintos campos y épocas del año para entrenar los modelos de aprendizaje automático. La estrecha colaboración con los agricultores permitió mejorar la tecnología y conocer mejor las necesidades de los clientes. «Descubrimos que prefieren comprar la solución cuando esté disponible en lugar de contratarla mediante un modelo de suscripción», comenta Vöpel. El equipo trabaja ahora para estandarizar, automatizar y ampliar la producción del dispositivo de medición y las tiras reactivas. Las pruebas continúan y se prevé que la tecnología esté disponible comercialmente para un grupo limitado de agricultores en 2027. Los investigadores esperan que, con el tiempo, la tecnología se adopte también fuera de Europa y contribuya así a un uso más eficiente de los recursos en la agricultura a escala mundial.

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