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El CCI abre laboratorios de referencia para el sector alimentario

El 16 de marzo iniciaron su actividad tres nuevos Laboratorios Comunitarios de Referencia (LCR). Ubicados en Geel (Bélgica), en el Instituto de Materiales y Medidas de Referencia (IRMM) del Centro Común de Investigación, estos laboratorios serán responsables de suministrar los...

El 16 de marzo iniciaron su actividad tres nuevos Laboratorios Comunitarios de Referencia (LCR). Ubicados en Geel (Bélgica), en el Instituto de Materiales y Medidas de Referencia (IRMM) del Centro Común de Investigación, estos laboratorios serán responsables de suministrar los materiales y métodos de referencia certificados que son necesarios para el control de metales pesados, micotoxinas e hidrocarburos aromáticos policíclicos en alimentos en toda la Unión Europea. Los materiales de referencia certificados constituyen un elemento esencial de la gestión de riesgos, la seguridad y el control de la calidad en el sector alimentario. Se trata de materiales cuyas propiedades se conocen con precisión, como el contenido de mercurio de los músculos de un atún o la aflatoxina (un tipo de micotoxina) que hay en la pasta de higos. Estos materiales se distribuyen a los laboratorios de toda Europa para que verifiquen la exactitud de los resultados de sus análisis de productos alimentarios. El director del IRMM, Alejandro Herrero, dijo en la inauguración de los laboratorios que con estos se dota a Europa de un sistema de mediciones común y fiable. Actualmente el CCI está a cargo de seis de los cuarenta laboratorios de referencia que existen en la Unión. «Nuestra función consiste en proporcionar instrumentos comunes para el control de la calidad alimentaria, para que todo el mundo compare manzanas con manzanas y peras con peras», explicó. «Si uno calibra su instrumento siguiendo un patrón, mientras que los demás calibran sus instrumentos siguiendo un patrón y un método distintos, entonces los resultados de unos y otros no serán comparables. Esta comparabilidad es fundamental para cumplir la legislación comunitaria que regula la seguridad alimentaria», dijo a CORDIS Noticias. Según el señor Herrero, la decisión de abrir tres laboratorios nuevos ha sido fruto de la necesidad. «Los contaminantes representan riesgos considerables», aseguró. «Es necesario mantenerse alerta para evitar que estas sustancias se cuelen en nuestros alimentos.» Markos Kyprianou, Comisario Europeo de Salud, que abrió oficialmente los laboratorios, también quiso destacar la importancia de hacer un seguimiento de los diversos riesgos alimentarios, en beneficio del consumidor. «Europa tiene unos consumidores muy exigentes que esperan que los alimentos que llegan a su mesa y a los mercados sean seguros para comer», señaló. Las micotoxinas son sustancias producidas por hongos que crecen en los alimentos y los piensos para animales. Se calcula que hasta un 20% de los productos alimentarios pueden contener micotoxinas que pueden causar enfermedades de diversa gravedad. El laboratorio del CCI se centrará en proporcionar métodos analíticos para unas doce micotoxinas. Los metales pesados están presentes en casi todos los productos alimentarios. Algunos son importantes para nuestra nutrición, mientras que otros, como el plomo, el cadmio y el mercurio, carecen de valor nutricional e incluso, en algunos casos, pueden favorecer enfermedades graves como el cáncer o ser perjudiciales para el sistema nervioso central. También se consideran peligrosos los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP). Estos compuestos pueden introducirse en los alimentos durante los procesos de producción, por ejemplo con los aromas de humo para alimentos, y se sospecha que algunos causan cáncer o mutaciones del ADN. Se estudiarán los efectos de la exposición a dieciséis HAP a largo plazo. En el acto de inauguración estaban presentes varios expertos que mostraron algunas de las tareas que realizarán los nuevos laboratorios. Los tres laboratorios generarán materiales de referencia. Esto implica moler sustancias y convertirlas en partículas diminutas para que cada muestra producida sea homogénea. Además, estos materiales tienen que hacerse estables (es decir, que se puedan distribuir y utilizar durante varios años) y ser representativos de las muestras reales encontradas en un laboratorio. El tiempo que es necesario para producir estos materiales de referencia depende en gran medida de la sustancia alimenticia en cuestión y del método que se emplee. Contar con una muestra medida de un HAP en aceites comestibles puede requerir setenta minutos, según Thomas Wenzl, gerente del laboratorio de HAP. «Pero si son otros los materiales de los que quieres extraer los HAP, por ejemplo en la carne, el proceso es mucho más largo, por cuestiones de limpieza de las muestras.» Las muestras de referencia se producen en grandes tandas. Cada vez que al laboratorio se le agotan estos materiales, comienza de nuevo el proceso de producción. Entonces será necesario comparar los materiales nuevos con las muestras anteriores para estar seguros de que tienen la misma calidad y se ajustan a los mismos patrones. En el laboratorio de micotoxinas los científicos se encargarán de supervisar los métodos de referencia ya desarrollados y validados para comprobar que se están aplicando debidamente en la práctica en toda Europa. A raíz de cambios introducidos en la legislación comunitaria para cubrir un número mayor de micotoxinas, este laboratorio va a desarrollar nuevos métodos de referencia sobre las mismas. Asimismo, se van a validar unos equipos que sirven para hacer pruebas de múltiples micotoxinas y que están a la venta (personal de Geel mostró el funcionamiento de uno de dichos equipos). Un método de referencia siempre proporciona respuestas más precisas con respecto al contenido en micotoxinas, pero estos equipos, que funcionan a grandes rasgos como una prueba de embarazo, pueden detectar en cuestión de minutos la presencia de determinada sustancia en un alimento e indicar si se encuentra por encima o por debajo del límite normativo. «Estos equipos se usan muchas veces en lugares en los que hay que decidir con rapidez, por ejemplo en un puerto, a fin de identificar materiales que podrían estar contaminados», explicó Jörg Stroka, que trabaja en el CCI desde 1996 en el campo de las micotoxinas. Estos equipos, sin sustituir al método de referencia, sirven para analizar mercancías rápidamente. «En las fases iniciales utilizamos pruebas sencillas y posteriormente se dispone de más tiempo para realizar un análisis de referencia», dijo. Además, este planteamiento combinado hace más seguro el proceso de comprobación y reduce costes. Además de todas estas tareas, los tres laboratorios darán formación a los laboratorios de referencia oficiales de cada país y realizarán comparaciones entre los mismos. Ello da a los diversos laboratorios la oportunidad de evaluar su rendimiento y de mejorar los resultados de sus análisis y su precisión en general.

Países

Bélgica

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