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TENDENCIAS CIENTÍFICAS: ¿Has formado ya tu burbuja? La ciencia detrás de la adopción de nuevas formas de organización social

Los europeos están saliendo de la vida en confinamiento y creando burbujas sociales (viendo a amigos y familiares de una forma controlada).

© GaudiLab, Shutterstock

A medida que las restricciones del confinamiento se vayan aliviando en Europa, los gobiernos irán considerando en qué medida y hasta qué punto deberán aconsejar a sus ciudadanos a que socialicen con personas de fuera de su propio hogar. La idea es que todo el mundo interactúe con un grupo pequeño de personas para evitar una propagación mayor de la COVID-19. Por ejemplo, desde el 10 de mayo, el gobierno belga permite que las personas formen burbujas sociales de hasta cuatro personas. Estas personas no tienen permitido visitar a nadie más. Sin embargo, existe una delgada línea entre conservar la salud mental tras varias semanas de confinamiento relacionado con la COVID-19 y mantener las tasas de transmisión lo más bajas posibles.

Es una cuestión de grupo

Según un estudio dirigido por sociólogos de la Universidad de Oxford, modificar la manera en la que se organizan nuestras redes sociales en lugar de reducir cuánto nos socializamos podría ayudar a aplanar la curva. «Debe existir un punto intermedio entre permanecer todos en casa y que todos nos encontremos con las personas que queremos de la manera que queremos», según explica Per Block, autor principal y sociólogo en Oxford, a «CNN». «Nuestro principal objetivo es orientar a las personas acerca de cómo pueden estructurar su entorno social de forma que, con suerte, dentro de un año estemos en dicho punto, y no que esas personas renuncien completamente al distanciamiento social en algún momento y que, cuando estemos de vuelta en una segunda oleada a finales de año, tengamos que empezar de nuevo todo este asunto de quedarnos en casa».

¿Quieres unirte a mi burbuja?

Decidir a quién incluir en la burbuja puede resultar complicado en términos de edad. «Las familias, por ejemplo, abarcan un enorme rango de edades, y existen posibles efectos secundarios como son enormes daños psicológicos y sociales si intentamos segregarlas», explica Block a «Euronews». Interactuar con otras personas de la misma zona o formar nuevas redes de contactos con los vecinos puede ser eficaz. «Si restringimos geográficamente nuestras interacciones como, por ejemplo, a dos manzanas de nuestro hogar, creamos barreras entre el contacto de larga distancia. Si restringimos nuestras interacciones a algo tan local como eso, harían falta, digamos, entre cinco y siete niveles de transmisión antes de que se infecte alguien a diez manzanas de distancia. Esto reduce el ritmo al que la infección llega a otra persona». Block dice que para que las burbujas sociales funcionen, todo el mundo debe cooperar plenamente. «Si queremos tener una burbuja social de diez personas, entonces las diez personas tienen que respetarla. Necesitamos un sentido de solidaridad; necesitamos respetarlo juntos; todos debemos trabajar de forma conjunta». Algunos expertos tienen dudas. «Creo que debemos ver los datos y dejar que la ciencia nos guíe antes de empezar a hacer recomendaciones sobre la socialización», contó la Dra. Krutika Kuppalli, especialista en enfermedades infecciosas y becaria de bioseguridad en el Centro de Seguridad Sanitaria de la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, a «CNN». «Considero que este tipo de métodos para restringir el distanciamiento constituyen una parte importante de cómo superamos la oleada inicial y nos adentramos en el espacio más allá que definirá el resto de la pandemia», dijo William Hanage, profesor asociado de epidemiología de la Escuela de Salud Pública de Harvard. «También creo que existen muchos motivos para ser precavidos, desde el hecho obvio de que algunas personas presentarán un mayor riesgo, como los ancianos, y no deben participar, al hecho de que algunas personas puedan presentar un mayor riesgo de infectarse ellas mismas, como las personas que trabajan en la atención médica».

Palabras clave

COVID-19, burbuja social, confinamiento, salud