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Integrated Climate forcing and Air pollution Reduction in Urban Systems

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ICARUS ilumina el camino hacia las ciudades ecológicas con nuevas herramientas para vigilar y mejorar la calidad del aire

El camino hacia unas ciudades ecológicas está lleno de obstáculos. Gracias a las tecnologías de vigilancia de la contaminación atmosférica y recomendaciones de mejora del proyecto ICARUS, nueve ciudades europeas están ahora mucho más cerca de superarlos.

Cambio climático y medio ambiente

Quienes viven en ciudades se han acostumbrado al concepto de calidad del aire. Ahora, las previsiones meteorológicas lo mencionan de manera sistemática y pueden hacerlo gracias a redes de dispositivos terrestres de vigilancia de la calidad del aire. Sin embargo, aunque estas redes funcionan, aún no son lo bastante densas y su configuración y mantenimiento no son baratos. «Los investigadores han intentado avanzar hacia métodos geoestadísticos basados en la interpolación de observaciones “in situ” para reducir el coste y mejorar la resolución espacial, pero las incertidumbres son un inconveniente importante. También evaluaron el uso de modelos de transporte de contaminación atmosférica, pero estos requieren cálculos precisos de las condiciones iniciales y de frontera, así como inventarios de emisiones actualizados y de alta calidad. Esta información no está siempre disponible, a lo que se añade que los modelos exigen una potencia informática elevada y les cuesta realizar predicciones para terrenos complejos», afirma Denis Sarigiannis, catedrático de Ingeniería Química en la Universidad Aristóteles de Salónica y coordinador del proyecto ICARUS (Integrated Climate forcing and Air pollution Reduction in Urban Systems). ICARUS ha tomado un camino totalmente diferente. El equipo optimizó los modelos y técnicas computacionales existentes para reducir la incertidumbre a través de un enfoque de fusión de datos, desarrolló sensores ponibles que permiten a los ciudadanos evaluar su exposición, y estimó el impacto en la salud basándose en la absorción de contaminantes en lugar de en la concentración en el aire ambiente. Su motivación fundamental era informar a los ciudadanos y aconsejarles sobre comportamientos más respetuosos con el medio ambiente, a la vez que captaban interacciones sociales para evaluar el impacto de la política.

Historia de nueve ciudades

Las tecnologías del proyecto se probaron en nueve ciudades representativas de los diversos entornos urbanos encontrados por toda Europa: Basilea, Brno, Liubliana, Roskilde, Stuttgart, Salónica, Atenas, Milán y Madrid. «Seleccionamos esas ciudades con cuidado para abarcar todo el espectro de gestión urbana ecológica. Son ciudades de diferentes tamaños, con condiciones ambientales, climáticas, culturales y sociales muy diferentes, y todas ya han adoptado una serie de medidas técnicas y no técnicas para reducir la contaminación atmosférica y la huella de carbono», explica Sarigiannis. El equipo del proyecto evaluó un total de cuarenta y cinco políticas de cooperación con autoridades locales. Utilizaron un paradigma de evaluación del impacto totalmente integrado para calcular los cambios en las emisiones, las concentraciones, la exposición y los efectos sobre la salud que trajeron esas políticas. También realizaron análisis coste-beneficio y de rentabilidad para cada una de ellas. «Enviamos los resultados a autoridades locales para que pudieran interpretar mejor el rendimiento real de esas políticas», añade Sarigiannis.

Empoderamiento de los ciudadanos

Más de seiscientos ciudadanos participaron en campañas de exposición. Se les pidió que llevaran una pulsera de actividad física que registraba los pasos, la distancia, el tipo de actividad, las pulsaciones y los patrones de sueño, así como otra capaz de absorber una amplia gama de sustancias químicas orgánicas. También llevaron un sensor portátil hecho a medida que captaba su exposición a partículas en suspensión, la temperatura, la humedad y su ubicación, e incluso recibieron un sensor estático que medía la calidad del aire dentro de sus casas. «Los participantes respondieron un cuestionario y recibieron un informe de valoración con datos y gráficos. Expresaron un gran interés por las actividades y los resultados de ICARUS», señala Sarigiannis. Para los demás, el consorcio ICARUS desarrolló una aplicación móvil llamada RQuality, que promueve el bienestar y la conciencia ecológica. Cualquier habitante de las ciudades donde se probó el proyecto puede utilizar libremente la aplicación para rastrear datos sobre la calidad del aire en tiempo real y estar informado de su exposición individual a sustancias químicas en el aire. La aplicación rastrea patrones de consumo y elecciones de estilo de vida para calcular su huella de carbono e incluso informa sobre incidentes que afectan a la calidad del aire en su zona. Las autoridades locales también han salido ganando. El sistema de apoyo a las decisiones (SAD) del proyecto les ayudará a mejorar la calidad del aire y evaluar la gobernanza del cambio climático, como explica Sarigiannis. «Los usuarios del SAD pueden realizar una evaluación totalmente integrada de políticas predefinidas y de escenarios de políticas nuevas. Pueden calcular los efectos en cuanto a cambios en la contaminación atmosférica y la exposición de la población, y realizar un análisis coste-beneficio completo». Con esto y los tres caminos propuestos por ICARUS para que las ciudades ecológicas sean una realidad de aquí a cincuenta años, lo único que tienen que hacer ahora es adoptar medidas decisivas.

Palabras clave

ICARUS, ciudades ecológicas, contaminación atmosférica, vigilancia, empoderamiento de los ciudadanos, calidad del aire, RQuality

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