Aprovechar los cultivos infrautilizados en pro de unos sistemas agroalimentarios más resilientes
El cultivo de una mayor diversidad de especies vegetales aumenta la productividad agrícola(se abrirá en una nueva ventana) al favorecer la regeneración del suelo, el control de plagas y una mayor resiliencia de los cultivos frente a factores de estrés ambiental. No obstante, en los últimos años, esta práctica se ha visto perjudicada por factores como el cambio climático y la evolución de las preferencias de consumo, lo que ha favorecido la pérdida de biodiversidad y ha repercutido en la salud humana. El proyecto BIOVALUE pretende cambiar esta tendencia mediante la reintroducción de cultivos «olvidados» en nuestra dieta y, por ende, en la cadena agroalimentaria europea.
Del consumidor al productor: invertir la tendencia para aumentar la biodiversidad
Los cultivos infrautilizados tienen una escasa presencia en los sistemas alimentarios europeos, debido a factores como la baja conciencia de los consumidores, la fragmentación de las cadenas de valor y la limitada rentabilidad de mercado. Para abordar esta situación, la primera línea de actuación de BIOVALUE consistió en vincular la biodiversidad con la demanda real del mercado. «Conectamos a consumidores, innovadores alimentarios, agricultores y responsables políticos para demostrar que los cultivos infrautilizados pueden ser económicamente viables y, al mismo tiempo, aportar beneficios medioambientales», comenta Konstadinos Mattas, coordinador del proyecto y catedrático de Economía Agraria en la Universidad Aristóteles de Tesalónica. El equipo del proyecto BIOVALUE adoptó un planteamiento distinto al habitual y recurrió a las preferencias de los consumidores, las tendencias dietéticas y las consideraciones sanitarias. En base a esta información, definió la selección de cultivos, las estrategias de mejora genética y los métodos de cultivo. Este planteamiento del consumidor al productor favorece la adopción de cultivos respetuosos con la biodiversidad en los mercados.
Revivir joyas culinarias olvidadas
En el proyecto se evaluaron varias especies de cereales, legumbres y hortícolas infrautilizadas por los agricultores durante los últimos años. Muchos de estos cultivos demostraron ser extremadamente resilientes al cambio climático y muy nutritivos; por ejemplo, «Sonchus oleraceus», una planta silvestre considerada mala hierba, resultó ser no solo sabrosa, sino también un alimento de gran valor nutricional. Uno de los principales hallazgos de estas pruebas fue que la diversidad genética de los cultivos estudiados mejoraba con frecuencia su adaptabilidad y resiliencia frente a condiciones adversas. A continuación, el equipo del proyecto ideó nuevas recetas(se abrirá en una nueva ventana) a partir de estas especies vegetales, con el fin de cambiar los hábitos nutricionales y promover un mercado real para los cultivos infrautilizados. «Cuando se elige un plato diverso, se envía una señal clara a lo largo de la cadena alimentaria, haciendo económicamente viable que nuestros agricultores abandonen el monocultivo», señala Mattas.
La regla de oro: comer de forma sana y sostenible
BIOVALUE formó parte de un estudio(se abrirá en una nueva ventana) que demostró que la dieta mediterránea constituye la mejor opción para la salud y para el medio ambiente, ya que incluye suficiente variedad y materias primas naturales para proteger tanto la seguridad alimentaria como el bienestar humano. Los cultivos evaluados en el marco de BIOVALUE encajan bien en este modelo de alimentación.
Promover la resiliencia del sistema alimentario con simulaciones
El equipo del proyecto también desarrolló una herramienta de simulación(se abrirá en una nueva ventana) que agrega datos sobre sistemas agrarios, mercados, biodiversidad y comportamiento de los consumidores. La herramienta permite examinar distintos escenarios, mostrando cómo diversos factores, por ejemplo cambios en la demanda o en las prácticas agrícolas, pueden influir en los resultados sobre la biodiversidad y en el desempeño de la cadena de valor. Además, incorpora un servicio de chatbot que facilita la interpretación de los resultados del modelo, permite hacer preguntas prácticas y comprender las complejas interacciones de los sistemas sin necesidad de conocimientos técnicos previos. La herramienta de simulación y el chatbot, intuitivos y fáciles de usar, ofrecen una ayuda inestimable a los agricultores, así como a las distintas partes interesadas de la cadena de valor.
Hacia una visión integral de la cadena agroalimentaria
Los conocimientos obtenidos en el marco de BIOVALUE fundamentan una hoja de ruta para responsables políticos y las partes interesadas del sector agroalimentario, que guiará la toma de decisiones sobre prácticas agrícolas sostenibles y la creación de productos alimentarios innovadores. Además, los resultados del proyecto muestran cómo los consumidores pueden desempeñar un papel clave en este contexto: al optar por una dieta diversa, de temporada y con productos locales, pueden convertirse en activistas ambientales, apoyar a los agricultores y ayudar a Europa a abandonar paulatinamente la mentalidad destructiva del monocultivo. «Lo más importante es que relacionar la diversidad de la dieta con la concienciación sobre la biodiversidad ha demostrado ser una herramienta práctica y eficaz para modificar la trayectoria del cambio climático», concluye Mattas.