Cuatro ingredientes cosméticos derivados de células vegetales llegan al mercado
Una lista de ingredientes rara vez especifica cómo se ha producido un compuesto activo. Muchos compuestos activos de origen vegetal se extraen de cultivos cuya composición química varía según el clima, el suelo y el momento de la cosecha. Por ello, su rendimiento puede diferir entre lotes. El objetivo del proyecto InnCoCells(se abrirá en una nueva ventana) era hacer más predecible esta cadena de suministro mediante la producción de ingredientes cosméticos a partir de plantas cultivadas en sistemas controlados, como cultivos celulares, raíces pilosas y aeroponía. Posteriormente, se validó científicamente su actividad y seguridad utilizando ensayos avanzados «in vitro» y «ex vivo», sin recurrir a ensayos con animales.
Los cultivos celulares vegetales dan el salto al mercado
El proyecto InnCoCells no se limitó únicamente a obtener resultados de laboratorio, sino que concluyó con la comercialización de sus productos. «Superamos nuestras expectativas iniciales en cuanto al grado de desarrollo alcanzado: cuatro ingredientes alcanzaron la fase de comercialización y más de diez una fase precomercial avanzada», comenta Heiko Rischer, coordinador del proyecto. La comercialización de estos cuatro ingredientes demuestra el potencial de las células vegetales cultivadas en biorreactores para el cuidado diario de la piel. Dos socios industriales introdujeron productos dirigidos a problemas visibles como las manchas y la falta de brillo, la hidratación y el refuerzo de la función de barrera, los signos de envejecimiento y la protección frente al daño asociado a la radiación ultravioleta. Estos productos se basan en cultivos celulares derivados de plantas como el jazmín, el hisopo, la peonía y el enebro.
Plantas infrautilizadas con un rendimiento constante
En el proyecto se analizaron extractos de más de noventa especies de una fuerte actividad biológica y de rutas de producción viables. Las plantas infrautilizadas pueden ser fuentes interesantes de compuestos bioactivos, pero recolectar ejemplares silvestres enteros resulta a menudo poco fiable y difícil de estandarizar. Un ejemplo señalado por el equipo es la hierba del escorbuto, una pequeña planta nórdica cuya producción a gran escala para cosmética sería complicada. Rischer explica cómo ayudan los cultivos celulares: «Nuestros cultivos celulares de hierba del escorbuto tienen una calidad constante y producen extractos que muestran propiedades antimicrobianas, antiinflamatorias y antienvejecimiento, situándose entre los cinco mejores extractos que probamos por estos efectos». Esta consistencia es fundamental, ya que las marcas cosméticas necesitan que un mismo ingrediente ofrezca el mismo rendimiento mes tras mes y en todos los mercados.
Ampliar la producción de forma segura con flujos residuales
Pasar de los matraces de laboratorio a la producción a escala piloto puede desestabilizar un proceso, incluso cuando la biología funciona correctamente. El equipo de InnCoCells amplió líneas seleccionadas hasta volúmenes de 300 y 1 000 l, adaptando la aireación, la iluminación y la agitación para que las células se mantuvieran saludables y productivas a medida que aumentaba el volumen. Los estudios de seguridad se desarrollaron de manera paralela a las pruebas de rendimiento. En el proyecto se llevaron a cabo ensayos de citotoxicidad y fototoxicidad para identificar las concentraciones más altas no tóxicas y priorizar ingredientes que combinaran baja toxicidad con actividad útil, respaldados por análisis químicos que aseguraban su estabilidad. También se probó un método en cascada que consiste en valorizar subproductos y flujos residuales antes de desecharlos. Por ejemplo, la pulpa residual tras prensar jengibre mostró una elevada actividad antiinflamatoria y antienvejecimiento, y, según Rischer, «los restos de poda de olivo fueron incluso más prometedores, con un fuerte efecto antifotoenvejecimiento y la capacidad de incrementar la producción de colágeno en un 25 %». Aprovechar estos subproductos puede fortalecer el modelo de negocio, convirtiendo residuos de bajo valor en insumos de mayor valor. Los pasos siguientes se centraron en la ampliación de las rutas más prometedoras y en la finalización de las fichas técnicas y los expedientes que justifican las declaraciones de rendimiento y seguridad. También se realizó la transferencia de protocolos sólidos de cultivo y extracción a las operaciones industriales. Si estos pasos se consolidan, los consumidores obtendrán ingredientes de origen vegetal más fiables, con un rendimiento coherente entre lotes, mientras que Europa contará con una ruta más clara para transformar su biodiversidad en productos sin depender de cosechas frágiles.