¿Los adultos también necesitan jugar?
A medida que envejecemos, recaen sobre nosotros más responsabilidades. La actitud juguetona y despreocupada de nuestros años de juventud se sustituye por una visión de la vida más madura y con sentido común. El tiempo para la diversión y los juegos es cada vez menor, y el tiempo para la responsabilidad y el rendimiento, cada vez mayor. El juego es algo que acabamos dejando de lado al crecer. Después de todo, somos adultos, no podemos comportarnos de manera infantil, ¿verdad? Un equipo de investigadores de Nueva Zelanda afirma que los adultos pueden beneficiarse del juego tanto como las niñas y los niños. Los resultados completos del estudio se publicaron anteriormente en «International Journal of Play»(se abrirá en una nueva ventana).
El poder de jugar
Los investigadores estudiaron las experiencias de familias neozelandesas que participaron en un proyecto de cuatro semanas. El objetivo era examinar los retos que plantea la integración de las prácticas lúdicas tradicionales, no estructuradas y en su mayoría no supervisadas, en el entorno familiar contemporáneo. El proyecto incluyó un seminario informativo de dos horas para los progenitores, actividades lúdicas reales para niños y niñas y una sesión conjunta de análisis. El equipo de investigación recopiló y evaluó datos de las entrevistas a grupos focales de madres y padres e hijas e hijos, así como de publicaciones en redes sociales, con el objetivo de obtener una imagen clara y completa de lo que cada familia había vivido. Se hizo hincapié en cómo las familias encontraron significado y valor en el juego real basándose en sus primeras impresiones, experiencias, retos y reflexiones tras el proyecto. «Nuestra investigación con familias neozelandesas destaca cómo fomentar el juego no estructurado puede ayudar a los adultos a sentirse menos estresados y más conectados, a la vez que normaliza el juego en la vida familiar cotidiana», explican los profesores Scott Duncan y Melody Smith, de la Universidad Tecnológica de Auckland y la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda), respectivamente, en su artículo publicado en «The Conversation»(se abrirá en una nueva ventana). «En un mundo que exige estar constantemente ocupados, el juego nos ofrece cualidades esenciales que corremos el riesgo de perder: la espontaneidad, la unión y la libertad de divertirnos». Entonces, ¿qué se considera «juego» cuando se trata de adultos? «El juego en la edad adulta puede parecer diferente al juego en la infancia. No se trata tanto de juguetes o juegos, sino más bien de cómo abordamos las experiencias cotidianas. El juego adulto puede ser físico, social, creativo o imaginativo. Puede implicar movimiento, música, humor, narración de historias, resolución de problemas o simplemente hacer algo por el simple placer de hacerlo».
Nunca se es demasiado mayor para divertirse
Los dos investigadores afirman que también se trata de cómo respondemos a las situaciones cotidianas. «Lo que hace que una actividad sea lúdica no es su forma, sino la forma de pensar subyacente: curiosidad, apertura y disposición a participar sin un resultado fijo. Para los adultos, el juego suele estar entrelazado con aficiones y momentos de exploración que se sitúan fuera del trabajo y las obligaciones». Hacer del juego una prioridad no es una tontería ni algo innecesario: es una parte importante de una vida sana y feliz. «El juego se ha considerado durante mucho tiempo como algo ajeno a la vida adulta, limitado a la infancia o reservado para raros momentos de ocio», concluyeron. «Sin embargo, las pruebas sugieren que el juego sigue siendo importante mucho más allá del desarrollo temprano. Reformular el juego como una parte legítima de la vida adulta abre nuevas formas de pensar sobre el bienestar a lo largo de toda la vida».