Cerrar el ciclo de los nutrientes: abordar las diferencias y similitudes regionales
Los fertilizantes sintéticos a base de nitrógeno y fósforo predominan en la agricultura europea, mientras que se desechan o se aprovechan de forma insuficiente enormes cantidades de residuos orgánicos ricos en nutrientes. Esta economía lineal es perjudicial para los agricultores y para el medio ambiente. El proyecto NOVAFERT(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, se propuso cerrar el ciclo de los nutrientes, promoviendo el uso de fertilizantes alternativos de origen biológico en una bioeconomía circular sostenible con mayor autosuficiencia. El proyecto, que reunió a investigadores, agricultores, empresas y responsables políticos, demostró cómo pueden funcionar los sistemas circulares de recuperación de nutrientes en condiciones reales en toda Europa.
Un inventario y un atlas que recogen tecnologías, productos y laboratorios vivientes
El proyecto NOVAFERT se centró en seis materias primas secundarias: estiércol tratado, digestato, lodos de depuradora, aguas residuales, residuos biológicos y subproductos biológicos. El equipo del proyecto recopiló 92 tecnologías de recuperación de nutrientes y 125 productos fertilizantes alternativos en un inventario en línea(se abrirá en una nueva ventana) de acceso público. Además, se ha creado un atlas(se abrirá en una nueva ventana) de 50 laboratorios vivientes centrados en los nutrientes en Bélgica, España, Finlandia, Croacia, Irlanda y Polonia, de entre los cuales se seleccionaron siete demostraciones emblemáticas.
Diferencias contextuales locales, barreras sistémicas comunes
Los grupos de trabajo regionales involucraron a las partes interesadas en los contextos agrícolas, normativos y medioambientales específicos de cada región en relación con determinados flujos de residuos. Las regiones del norte, con una ganadería intensiva, se enfrentaron al exceso de nitrógeno y fósforo procedente del estiércol, mientras que el sur de España, propenso a la sequía, dio prioridad a la reutilización integrada del agua y los nutrientes. Europa Central y Oriental se enfrentaba a carencias en materia de infraestructuras y a mercados locales poco desarrollados para los fertilizantes reciclados. «Sorprendentemente, todas las regiones se enfrentaron a las mismas barreras sistémicas: incertidumbre normativa, escepticismo de los agricultores, cadenas de valor locales débiles y falta de orientación práctica», explica el coordinador del proyecto, Erik Meers, de la Red Temática Internacional Re-Source, adscrita al Instituto de Investigación en Agricultura Sostenible de la Universidad de Gante(se abrirá en una nueva ventana). Las iniciativas piloto abordaron y arrojaron más luz sobre los retos, tanto locales como sistémicos, a los que se enfrenta la bioeconomía circular. Los fertilizantes circulares a medida —desde la aplicación de compost y digestato hasta la recuperación de estruvita y los fertilizantes a base de hidrolizado de sangre— se validaron en modelos de intercambio de conocimientos centrados en los agricultores, lo que contribuyó a generar confianza. Los elevados costes iniciales, la complejidad de la normativa y la preocupación de la ciudadanía respecto a los materiales reciclados utilizados en la agricultura constituían obstáculos constantes. Los agricultores adoptaron las soluciones circulares con mayor facilidad cuando estas incluían asesoramiento y demostraban un claro valor económico: menores costes de fertilizantes, mejora de la salud del suelo, producción de energía renovable y nuevas fuentes de ingresos rurales. La gobernanza y la confianza local eran tan importantes como la tecnología. «Los modelos de negocio circulares funcionan mejor cuando los agricultores, los investigadores, las empresas y las autoridades locales colaboran entre sí. Un mejor apoyo en materia de políticas, financiación, formación de los agricultores y una normativa clara favorecen una agricultura más sostenible, a la vez que impulsan las economías rurales y la resiliencia», señala Meers.
De los datos a las políticas: hacia un cambio duradero
Los planes de acción regionales identificaron prioridades comunes para lograr una bioeconomía circular, entre las que se incluyen una mayor armonización entre la normativa de la Unión Europea (UE) y la nacional, así como una mejor coordinación interregional, integrando la recuperación de nutrientes en las políticas de gestión de residuos y del agua. Además, se necesitan incentivos económicos para los agricultores y las industrias, una mejor comunicación para mejorar la percepción pública de los fertilizantes de origen biológico y datos sobre su rendimiento agronómico a largo plazo. Se carecía de herramientas estandarizadas de evaluación de la sostenibilidad para los fertilizantes de origen biológico, lo que hacía prácticamente imposible comparar las huellas medioambientales —desde el potencial de secuestro de carbono hasta el riesgo de lixiviación de nitrógeno—. «Se ha presentado al Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea y a la Dirección General de Medio Ambiente (DG-ENV) una metodología armonizada, conforme a la “huella medioambiental del producto” y validada en 15 estudios de caso y 270 escenarios, como marco para futuras decisiones políticas», afirma Meers. Además, cuatro informes de políticas abordaron el tema del «nitrógeno recuperado del estiércol» (RENURE), un término introducido por primera vez por el JRC en su informe(se abrirá en una nueva ventana) de 2020 sobre la investigación encargada por la DG-ENV relativa al uso seguro del estiércol procesado. «La participación directa de los 27 Estados miembros de la UE contribuyó directamente a la histórica modificación de 2025 de la Directiva de la UE sobre nitratos, que integró formalmente RENURE en la legislación», subraya Meers. Este cambio de paradigma en la gestión de la recuperación de nutrientes, junto con los datos, las herramientas y las redes regionales de partes interesadas de NOVAFERT, podría acelerar la investigación y la puesta en práctica de la economía circular en la agricultura europea.