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Deploying circular BIOecoNomies at Regional level with a territorial approach

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La cooperación regional promueve la bioeconomía circular

El proyecto europeo ROBIN ayudó a cinco regiones europeas a reforzar la gobernanza y la cooperación entre las partes interesadas. Con ello, buscaba acelerar la implantación de soluciones de bioeconomía circular adaptadas a las necesidades locales.

Las ciudades y regiones europeas cuentan con un potencial aún sin aprovechar para desarrollar una bioeconomía circular: un modelo que mantiene los recursos biológicos en uso, reduce los residuos y genera valor económico local. Sin embargo, muchas aún no tienen claro cómo traducir esos objetivos en acciones concretas. La falta de coordinación institucional, la escasa experiencia de las autoridades regionales y la ausencia de una estrategia común pueden impedir que las regiones aprovechen plenamente sus recursos. El proyecto ROBIN(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos y vinculado a la Iniciativa de Ciudades y Regiones Circulares(se abrirá en una nueva ventana), buscaba ayudar a las regiones a crear los marcos de cooperación necesarios para que las soluciones de bioeconomía circular puedan desarrollarse y ampliarse a escala local. «ROBIN ofrece a las autoridades regionales una forma práctica de convertir la bioeconomía circular en algo que puedan planificar, gestionar y aplicar de forma efectiva», comenta Christos Politis, coordinador del proyecto.

Conectar ecosistemas regionales

En ROBIN se examinaron procesos de bioeconomía en toda Europa y se recopiló información sobre buenas prácticas. También se estudiaron las barreras y oportunidades existentes, la disponibilidad de biomasa, las infraestructuras de investigación y las opciones de financiación. El trabajo se llevó a cabo en cinco regiones de prueba(se abrirá en una nueva ventana): Baden-Wurtemberg (Alemania), Macedonia Central (Grecia), Andalucía (España), la región meridional de Irlanda y Žilina (Eslovaquia). Las regiones presentaban grados de madurez muy distintos en materia de bioeconomía. Žilina contaba con un gran potencial de biomasa, pero no disponía de una estrategia formal. Por ello, el equipo de ROBIN colaboró con el Clúster de Bioeconomía de Eslovaquia para involucrar a las partes interesadas de los sectores agroalimentario y de productos de origen biológico, e iniciar conversaciones sobre la creación de una estructura nacional de gobernanza de la bioeconomía. En Baden-Wurtemberg, donde ya existía una estrategia de bioeconomía, el trabajo se centró en integrar mejor a las autoridades locales y en consolidar la capacidad de la región para supervisar y evaluar su estrategia. Politis considera que la heterogeneidad entre las regiones fue una ventaja. «Favoreció el aprendizaje mutuo entre las regiones avanzadas y las emergentes. Además, garantizó que nuestras soluciones fueran adaptables, escalables y pertinentes en distintos contextos institucionales, económicos y ambientales». El paso de la investigación a la práctica se articuló en torno a constelaciones regionales de múltiples actores (MARC, por sus siglas en inglés), que reunieron a autoridades públicas, empresas, investigadores y sociedad civil mediante seminarios prácticos y procesos de creación conjunta. «Las MARC no funcionaron como simples grupos consultivos, sino que influyeron directamente en las decisiones de gobernanza», explica Politis. En Macedonia Central, las conversaciones en la MARC contribuyeron a reactivar los planes para crear un clúster regional de bioeconomía, concebido para conectar mejor a las partes interesadas y espolear la transición hacia la economía circular. En todas las regiones de prueba, los intercambios contribuyeron a que territorios con distintos niveles de madurez aprendieran unos de otros. También ayudaron a adaptar los enfoques de gobernanza a las realidades locales.

Impulsar soluciones circulares a través de la cooperación

En lugar de centrarse solo en el desarrollo de estrategias, ROBIN ayudó a las regiones a crear las condiciones necesarias para que las soluciones de bioeconomía circular pudieran surgir y crecer con mayor eficacia. En el proyecto se desarrollaron métodos prácticos de apoyo a la gobernanza, orientados a ayudar a las autoridades regionales a coordinar a las partes interesadas, detectar oportunidades circulares locales y guiar la aplicación de soluciones a lo largo de las cadenas de valor. Estos enfoques se recopilaron en una caja de herramientas(se abrirá en una nueva ventana) de acceso público, que incluye modelos de gobernanza, enfoques de colaboración y ejemplos de otras regiones europeas. Los enfoques se validaron en otras dieciocho regiones y ciudades de toda Europa, que les otorgaron una puntuación muy alta por su utilidad. «Muchas regiones que no participaron en el proyecto han manifestado un gran interés en aplicar herramientas concretas, como el modelo Canvas de gobernanza, en sus propios procesos de formulación de políticas», afirma Politis. Además del apoyo en materia de gobernanza, el equipo de ROBIN llevó a cabo una serie de medidas de apoyo que abarcaban el asesoramiento financiero, el desarrollo de capacidades y la participación de las partes interesadas. Estas acciones proporcionan a las regiones recursos prácticos para pasar de la estrategia a la aplicación y contribuir a una gobernanza de la bioeconomía más coherente en toda Europa. Asimismo, ROBIN contribuyó a sensibilizar a la juventud sobre las salidas profesionales vinculadas a la bioeconomía, con el fin de reforzar la base de capacidades que exigirán las transiciones circulares. También se reforzaron las redes regionales y transfronterizas de partes interesadas, se ayudó a alinear las estrategias locales con la legislación de la Unión Europea y se implicó a empresas de las regiones piloto en la exploración de nuevas oportunidades circulares. Es más, se demostró que unos marcos de gobernanza más coherentes y una mejor coordinación entre partes interesadas pueden ayudar a las regiones a acelerar la aplicación de soluciones de bioeconomía circular. «ROBIN proporciona una base práctica para impulsar una gobernanza de la bioeconomía más coordinada, basada en datos y con posibilidades de ampliación en toda Europa», concluye Politis.

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