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Hacia una gestión de plagas más inteligente y sostenible

Para reducir el uso de plaguicidas se necesita algo más que las nuevas tecnologías. Las investigaciones revelan cómo comprender mejor los procesos de toma de decisiones de los agricultores acelera la protección sostenible de los cultivos.

La agricultura europea afronta un reto: los agricultores deben proteger los cultivos de plagas y enfermedades para garantizar la seguridad alimentaria y mantener el rendimiento y la rentabilidad, al tiempo que deben reducir la dependencia de los plaguicidas químicos que pueden afectar a la salud humana, la biodiversidad y el medio ambiente. Aunque la gestión integrada de plagas (GIP)(se abrirá en una nueva ventana) ofrece una vía probada hacia una protección de los cultivos más sostenible, su adopción sigue siendo limitada.

Comprender los obstáculos que impiden la adopción de la gestión de plagas

El equipo del proyecto SUPPORT(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, se propone comprender las razones que explican la limitada adopción de la GIP y cómo superarlas. En el proyecto, que reúne a veinte organizaciones de diez países —entre las que se incluyen universidades, pymes, organizaciones de agricultores y autoridades públicas—, se han generado los conocimientos necesarios para apoyar la transición hacia sistemas sostenibles de protección de cultivos. El consorcio se centró en los obstáculos y los incentivos que influyen en las decisiones de los agricultores(se abrirá en una nueva ventana), con el objetivo de ayudar a los responsables políticos, a los agentes de la cadena de valor y a los agricultores a colaborar para aumentar la adopción de herramientas y tecnologías de la GIP. «Los agricultores revelan obstáculos medioambientales y biológicos, así como limitaciones económicas, como unos costes de producción más elevados y un mayor riesgo de disminución del rendimiento o de pérdida de calidad», explica el coordinador del proyecto, Johan Bremmer. En los análisis del proyecto(se abrirá en una nueva ventana) se confirmó que el acceso a un asesoramiento técnico fiable desempeña un papel crucial en la toma de decisiones.

Fomentar mejores decisiones e ir más allá de las soluciones estandarizadas

Uno de los principales logros de SUPPORT ha sido el desarrollo de la herramienta de autoevaluación de la GIP (ISAT)(se abrirá en una nueva ventana), diseñada para ayudar a los agricultores y asesores a evaluar las diferentes estrategias de protección de cultivos. En la primera versión de la ISAT se incorporan indicadores medioambientales y económicos que permiten a los usuarios comparar los métodos convencionales con opciones alternativas de gestión de plagas. La herramienta ofrece información práctica sobre las posibles consecuencias de las distintas decisiones, lo que ayuda a los agricultores a comprender mejor las posibles compensaciones entre la productividad, el rendimiento medioambiental y los costes. «Los responsables políticos también pueden utilizar esta metodología adoptando los indicadores para supervisar los avances en la protección sostenible de los cultivos», destaca Bremmer. Una de las principales conclusiones del proyecto es que la adopción de la GIP(se abrirá en una nueva ventana) depende de una amplia gama de factores interrelacionados. Una aplicación exitosa requiere mucho más que sustituir plaguicidas concretos por alternativas de menor riesgo. Curiosamente, los resultados también sugieren que las decisiones de los agricultores dependen más de sus propias actitudes y su percepción de la capacidad para aplicar la GIP que de la presión social o las expectativas de los demás. Según Bremmer: «Las estrategias de transición eficaces deben tener en cuenta las condiciones locales, las características de los cultivos y las preferencias de los agricultores, en lugar de basarse en soluciones universales». Los hallazgos del proyecto destacan la importancia de los servicios de asesoramiento, la formación y el intercambio de conocimientos. En el proyecto SUPPORT también se subraya la necesidad de comprender el contexto más amplio en el que operan los agricultores, incluidas las presiones del mercado, la normativa y el acceso a la innovación. Estas conclusiones ayudan a los investigadores a desarrollar vías más realistas para aumentar la adopción de la GIP en diversos sistemas agrícolas.

Desarrollar la sostenibilidad

El consorcio desarrolló un marco multiactor estructurado en torno a tres niveles: las agrupaciones nacionales de cultivos, las comunidades de práctica y una red de prácticas. Este ecosistema de partes interesadas reunió a investigadores, responsables políticos, agricultores y agentes de la cadena de suministro. En este ecosistema de partes interesadas se ha propiciado el diálogo sobre políticas y la creación conjunta de soluciones para acelerar la transición hacia sistemas alimentarios sostenibles. De cara al futuro, el equipo de SUPPORT sostiene que lograr reducciones sustanciales en el uso de plaguicidas requerirá una acción coordinada en todo el sistema agroalimentario. Comprender la toma de decisiones de los agricultores y proporcionar herramientas de apoyo a la toma de decisiones son pasos importantes, pero es poco probable que sean suficientes por sí solos. «Tenemos que trabajar en un marco institucional que involucre a toda la cadena de valor y que apoye la adopción de las herramientas y tecnologías de la GIP, así como la reducción del uso de plaguicidas y de la dependencia de los mismos», concluye Bremmer.

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