Una nueva investigación apoya la reforma de la política agrícola común
Una nueva investigación sobre la política agrícola común (PAC) en las regiones europeas respalda el avance de la reforma de la PAC. El estudio concluye que la actual distribución de los subsidios agrarios producirá desigualdades incluso mayores entre las regiones ricas y pobres de Europa, en contra totalmente de los objetivos de cohesión de la Unión Europea. En el primer estudio integral sobre los efectos de la PAC en las regiones europeas, un equipo de las universidades de Newcastle upon Tyne y Aberdeen pone de manifiesto que, incluso después de que se acordaran las reformas de la PAC en 2003 y 2004, las regiones centrales ricas de Alemania, Reino Unido, Francia y Países Bajos están llevándose en conjunto una parte de dinero mayor que las regiones periféricas más pobres de España, Italia, Polonia y el sur y este de Europa. Los resultados del estudio realizado durante dos años se han publicado en un nuevo libro "CAP and the Regions: The Territorial Impact of the Common Agricultural Policy". Los autores, el doctor M. Shucksmith de la universidad de Newcastle upon Tyne y sus colegas de la universidad de Aberdeen, critican la PAC y sus recientes reformas, las cuales afirman no van lo suficientemente lejos como para corregir las desigualdades entre las regiones ricas y pobres. Ofrecen también una serie de recomendaciones para propiciar ciertos cambios que afirman podrán facilitar el logro de los objetivos de cohesión de la UE. En la actualidad, los subsidios de la PAC se conceden de acuerdo al primer pilar y segundo pilar. El primero, con un total de 90.000 millones de euros al año, alrededor de 236 euros por ciudadano, lo forman los subsidios que se pagan directamente a los agricultores y los costes de "apoyo a los precios del mercado". Esta estrategia favorece de forma extraordinaria a las regiones centrales más prósperas, con grandes extensiones agrícolas de producción de grano, leche y ganado vacuno, en vez de a las regiones periféricas más pobres con menores extensiones y que cosechan productos como el aceite de oliva y el vino. Quizá de forma más sorprendente, las medidas de desarrollo rural de menor cuantía y más novedosas, que constituyen el segundo pilar, por un valor de 4.600 millones de euros al año, o lo que es lo mismo 15 euros por cabeza, y que ofrecen apoyo a la agricultura medio ambiental y a las "áreas menos favorecidas" como colinas y montañas, se destinan también predominantemente a las naciones más ricas de la UE. Según los investigadores, los países más ricos del noroeste de Europa tienen una mayor capacidad para usar en su propio beneficio la regulación y medidas pertinentes. El doctor Shucksmith y su equipo reclaman que se distribuya de nuevo el dinero de forma gradual pero con mayor celeridad del primer hacia el segundo pilar. Ello implica una reducción en los subsidios directos que reciben los agricultores, disminuir la protección del mercado a lo largo del tiempo, y aumentar la cantidad de dinero disponible para la agricultura conciliadora con el medio ambiente y las medidas de desarrollo rural. Señalan también la importancia de cambiar los criterios que rigen la distribución de los fondos del segundo pilar a fin de que las naciones más pobres accedan a una parte mayor del dinero para incentivar sus economías rurales. Las principales recomendaciones sugieren la distribución de los fondos del segundo pilar según las necesidades relativas, y la expansión de planes como el programa LEADER de la Unión Europea, que financia a las comunidades rurales que intentan dar solución a sus problemas económicos. Plantean además que, cuando los Estados miembros tengan, como pasa a menudo, que equipararse a la financiación, las naciones más pobres aporten sólo una parte reducida de este porcentaje. El estudio viene a respaldar las peticiones del primer ministro británico Tony Blair elevadas a los Estados miembros para llevar a cabo la reforma de la PAC. Tras la última reunión en junio del Consejo Europeo, Tony Blair afirmó que para poder incentivar la economía europea era necesario desviar más fondos de la producción agrícola hacia la tecnología y la investigación e instó a la UE a tomar medidas antes de 2013, fecha en la que finaliza el actual acuerdo de la PAC. Los autores del estudio están de acuerdo en estas opiniones y apuntan a que un desplazamiento gradual y bien planificado hacia estas medidas garantizará un futuro sostenible para las áreas rurales. "La política regional de la UE se orienta al desarrollo de las regiones más pobres, pero la PAC está haciendo justo lo contrario, no sólo con sus gastos sustanciales fijos sino también a través de unas barreras a la importación mucho menos transparentes", afirma el doctor Shucksmith. El estudio señala la necesidad de desarrollar nuevos elementos de la economía rural que los ciudadanos de la UE quieran continuar pagando por ellos a largo plazo, como proyectos y acciones comunitarias destinados al medio ambiente. Aconsejan también se utilicen los razonamientos aportados por la sociedad, no sólo la agrícola, para decidir y promover formas más óptimas de utilizar los fondos disponibles de la UE. Los autores creen que sus propuestas contribuirán también a ayudar a la UE a ejercer presión a través de la Organización Mundial del Comercio para que los precios de los alimentos de la UE se reajusten a los niveles mundiales, y por lo tanto dar a las regiones más pobres una oportunidad más justa de comerciar dentro de la economía mundial. El estudio "The Territorial Impact of the CAP and Rural development policy", financiado parcialmente a través del programa INTERREG se basa en los resultados de un proyecto anterior financiado a través del programa ESPON (European Spatial Planning Observation Network) del periodo 2000-2006.
Países
Reino Unido