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BIOSEC cuestiona las estrategias de conservación inspiradas en la seguridad

El nivel de integración entre la seguridad y la conservación es mayor cada año que pasa, pero ¿es realmente una buena idea? El proyecto BIOSEC, financiado por el CEI, cuestiona creencias comunes y sus conclusiones sugieren que es necesaria una mayor cautela en la toma de decisiones vinculada a estos dos problemas.

Cambio climático y medio ambiente

Elefantes sacrificados para obtener sus colmillos de marfil, especies en peligro de extinción buscadas como trofeos de caza o el contrabando de pangolines por su carne y sus presuntas virtudes sanitarias… Las consecuencias del tráfico de especies silvestres resultan devastadoras en muchos aspectos. Recientemente, todos hemos conocido su impacto sobre los seres humanos, pero esto no es más que la punta de un iceberg mucho mayor que afecta a numerosos aspectos de nuestra vida. Uno de estos aspectos es precisamente el de la seguridad. ¿Sabía, por ejemplo, que el tráfico de especies silvestres es a menudo una fuente de financiación de la delincuencia organizada y los grupos armados? ¿O que las organizaciones conservacionistas a menudo sienten que no tienen otra opción que asociarse con ejércitos gubernamentales o empresas militares privadas para proteger a especies en peligro? ¿O que incluso nuestra propia seguridad alimentaria está en peligro? El proyecto BIOSEC, dirigido por la Universidad de Sheffield, trató de comprender mejor y verificar esta creciente integración entre la conservación y la seguridad en el contexto de un enfoque recientemente renovado sobre el tráfico de especies silvestres. Durante un periodo de cuatro años, el equipo del proyecto definió enfoques teóricos pioneros y generó nuevos datos empíricos sobre ambas cuestiones de una manera totalmente integrada. «Desde 2008, el repunte de la caza furtiva de elefantes y rinocerontes ha forjado un renovado sentido de urgencia. Las tasas de caza furtiva han seguido aumentando año tras año y se teme que, si no se controlan, estas prácticas lleven pronto a la extinción de ambas especies. Donantes, filántropos, el sector privado y ciudadanos individuales han aportado miles de millones de dólares para actividades de conservación, y la respuesta más habitual ha estado mucho más orientada hacia la seguridad», explica Rosaleen Duffy, coordinadora de BIOSEC.

¿Una verdadera amenaza para la seguridad?

Con el objetivo de estudiar esta tendencia, el equipo del proyecto recopiló información sobre la conservación en Europa, África, América y Asia. Sus conclusiones pronto pusieron de relieve el hecho de que el planteamiento de «la seguridad es lo primero» no está exento de riesgos. En primer lugar, tiende a dejar atrás a especies menos visibles o carismáticas, tal y como destacaron dos integrantes del equipo al señalar la «ceguera vegetal» en los debates acerca del tráfico de especies silvestres. Además, se ha observado que, en algunas regiones, la implicación de ejércitos y de grupos militares privados se ha vinculado a denuncias de las autoridades de conservación por intimidación, exclusión, desposesión y abusos contra los derechos humanos. Los resultados del proyecto también ponen en tela de juicio algunas ideas preconcebidas en torno al tráfico de especies silvestres. En particular, cuestionan la idea de que existen distintos lugares de producción y consumo, señalan el racismo en las campañas de reducción de la demanda y examinan la falta de concordancia entre las ONG conservacionistas internacionales y las organizaciones de base que tratan de hacer frente al tráfico de especies silvestres en Vietnam. «También hemos examinado el concepto del “cazador furtivo como terrorista”», explica Duffy. «Lo cierto es que las denuncias sobre la existencia de un vínculo entre el tráfico de especies silvestres y la financiación de amenazas se basan en pruebas escasas, y que lo que se ofrece como prueba en ocasiones escapa al escrutinio público». «En nuestra investigación, destacamos cómo el hecho de centrarse de manera excesiva en el tráfico de especies silvestres como forma de financiación de amenazas podría hacer que se desarrollen estrategias ineficaces para hacer frente tanto a dicho tráfico ilícito como al terrorismo», continúa. «Mostramos que podría ser necesario un enfoque mucho más sofisticado y flexible». Entonces, ¿podría el enfoque sobre la financiación de amenazas representar en cierto modo un punto ciego para los responsables políticos? Duffy sin duda lo ve así. El proyecto incluso ha identificado ejemplos en los que estos vínculos permiten a los gobiernos incluir la conservación en el marco de estratégicas de lucha contra la insurgencia de la población resistente. Si siguen sin controlarse estas acciones, la conservación corre el riesgo de centrarse menos en salvar especies y más en impulsar una agenda política en particular. «Por otra parte, el uso de respuestas militarizadas puede estar creando toda una serie de problemas para la conservación y la protección de la biodiversidad en el futuro al alienar a las comunidades o hacer que se pierda la confianza entre estas comunidades y las agencias de conservación. También existe una falta de atención en el tráfico ilícito de especies europeas: angulas, osos, pájaros cantores y caviar que son obtenidos, comercializados y consumidos dentro de la Unión Europea. La atención y la financiación se centran en el tráfico de especies silvestres como un problema en África y Asia, pero también sufrimos este problema en nuestro propio territorio», señala Duffy. De forma global, el trabajo de BIOSEC se centra en intentar desarrollar ideas y políticas que sean eficaces y socialmente justas. El proyecto todavía podría ofrecer otras lecciones para los responsables políticos en el futuro, dado que ahora los conservacionistas dirigen su atención hacia la pandemia de la COVID-19 y, más específicamente, la relación entre la seguridad, el tráfico de especies silvestres y las enfermedades zoonóticas.

Palabras clave

BIOSEC, tráfico de especies silvestres, seguridad, conservación, biodiversidad, terrorismo

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