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Revista Research*eu

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Hablar lenguas: celebración de la diversidad lingüística

Seamos monolingües, hayamos crecido en un hogar bilingüe o seamos un adulto entusiasta al que le entró el gusanillo del aprendizaje de idiomas en una etapa posterior de la vida, las lenguas que hablamos actúan como herramientas potentes para promover la comprensión cultural y cultivar un sentido de identidad compartido, ya sea de identidad nacional, europea o, incluso, de identidad global transnacional posmoderna. En el fondo, las lenguas están hechas para comunicar, y la forma en que nos comunicamos con los demás es un requisito previo fundamental no solo para compartir nuestros propios valores, ideas y creencias, sino también para aprender sobre los valores, ideas y creencias de otros.

«Tener otro idioma es poseer una segunda alma» — Carlomagno

Hoy en día, la Unión Europea tiene veinticuatro lenguas oficiales y tres alfabetos oficiales (latino, griego y cirílico), y unas sesenta lenguas más habladas en regiones concretas o por grupos específicos. Las olas migratorias de los últimos decenios han hecho que en las calles de las ciudades y los pueblos de Europa se hablen otras muchas lenguas, que van desde el árabe, el turco y el urdu hasta el tuareg, suajili y el vietnamita. El inglés, por supuesto, sigue siendo dominante como segunda lengua y lengua para los negocios y los viajes. Así, dentro de los grandes grupos de lenguas, los diversos dialectos también conviven con su propio vocabulario, gramática y sintaxis. En el francés de Bélgica está plenamente aceptado decir «septante» para referirse a setenta, lo que provocaría la consternación de los francófonos de Francia (quienes abogarían fervientemente por la construcción «soixante-dix»). El alemán que se habla en Kiel es muy diferente al alemán que se habla en Zúrich o Innsbruck, mientras que un nativo de Trieste probablemente no entendería a un nativo de Sicilia si ninguno de los dos hace el esfuerzo de hablar el italiano «estándar» (y ocurriría lo mismo con el dialecto florentino del italiano). Los británicos se pueden confundir fácilmente con las estructuras gramaticales informales del inglés de Irlanda, muchas de las cuales provienen del gaélico y han sido transferidas. En cambio, los checos y los eslovacos pueden hablar entre ellos usando únicamente las lenguas oficiales de sus países y siguen teniendo un grado elevado de inteligibilidad mutua; lo mismo ocurre en cierta medida con el danés, el sueco y el noruego. En este caso, algunos lingüistas sostienen (aunque sea polémico) que las últimas tres lenguas son solo dialectos que provienen de una misma lengua «escandinava». Y, por supuesto, en el seno de Europa existen varias lenguas que son completamente distintas a las de sus vecinos lingüísticos, el vasco y el húngaro serían solo dos ejemplos de ello. Este auténtico tapiz de lenguas, dialectos y diferentes formas de comunicación es una de las fortalezas más asombrosas de Europa. Ciertamente, en el pasado, la diversidad lingüística del continente también ha sido fuente de conflicto: las grandes escisiones religiosas de los siglos XVI y XVII en Europa occidental se debieron en parte a desacuerdos sobre si se debía mantener el latín como única lengua de la Iglesia, o si debían utilizarse las lenguas locales en los ritos y servicios religiosos y así acercar a Dios a la gente. Sin embargo, hoy la diversidad lingüística se celebra en el Día Europeo de las Lenguas, que tiene lugar cada año el 26 de septiembre desde 2002, y su conmemoración también pretende fomentar de forma activa el aprendizaje de lenguas por toda Europa. Por ello, en este número especial también se celebra la maravillosa diversidad lingüística de Europa para lo que se incluyen proyectos financiados con fondos europeos que trabajan en numerosas formas de enriquecer y preservar el patrimonio lingüístico de Europa, y que van desde una plataforma innovadora para mostrar diversas lenguas de signos europeas, hasta una solución tecnológica para ayudar a los niños a aprender a leer y comprender su lengua materna con confianza, pasando por numerosos estudios fascinantes sobre el fenómeno del bilingüismo. Le animamos a que nos comunique su opinión. Puede remitir preguntas o sugerencias a editorial@cordis.europa.eu.

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