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Beneficios medioambientales de la regeneración del bosque natural

La reforestación del suelo agrícola abandonado puede desempeñar un papel esencial en la eliminación del carbono de la atmósfera, según ha demostrado un innovador proyecto.

Cambio climático y medio ambiente

La antiguas tierras agrícolas, abandonadas debido a la despoblación y la migración urbana, están repartidas por Europa. Suelen estar mal conectadas con los centros de población y no son adecuadas para los cultivos debido a suelos estériles o pendientes pronunciadas. Sin embargo, lo que sí ofrecen estas tierras es un fuerte potencial para la captación de CO2. «Ello se debe a que suelen, bien estar cerca de la madurez y ser bosques relativamente intactos, o bien estar rodeados de setos y árboles», explica Eduardo Velázquez, coordinador del proyecto CASE-CO2 del Instituto Universitario de Investigación en Gestión Forestal Sostenible (iuFOR) de España. «Las semillas de esos árboles y arbustos se pueden colonizar, germinar y establecer con facilidad en estas tierras abandonadas». Al crecer, los árboles atrapan el CO2 atmosférico para desarrollar los tejidos y la estructura. El carbono no solo se almacena en los troncos y las ramas de las plantas leñosas, sino también en sus raíces. La descomposición genera igualmente un incremento continuo del carbono en el suelo. «Aumentar la biomasa derivada de los árboles puede contribuir a la acumulación de carbono y a la reducción de la creciente concentración de este gas de efecto invernadero en la atmósfera», añade Velázquez.

Medir la nueva vida

El proyecto CASE-CO2 se puso en marcha con el objetivo de cuantificar la reforestación natural de los suelos agrícolas abandonados en Castilla y León, una de las regiones más despobladas de la península Ibérica. Esta investigación se llevó a cabo con el apoyo del programa de Acciones Marie Skłodowska-Curie. «La idea básica de este proyecto surgió de la lectura de artículos científicos sobre la rehabilitación espontánea de las tierras agrícolas», indica Velázquez. «Me di cuenta de que tendían a centrarse en los procesos biológicos subyacentes de la colonización vegetal y casi nunca se referían al secuestro de carbono». Velázquez también se inspiró al viajar por su España natal y ver muros en ruinas en el medio de bosques de enebros, melojos y encinas que algunas vez sirvieron para dividir terrenos agrícolas. Para poder cuantificar las reservas de carbono en la región, Velázquez utilizó un «software» con un sistema de información geográfica a fin de identificar las zonas que actualmente se consideran bosques, al que sobrepuso imágenes que muestran las líneas de arado, muros de piedra y setos de diferentes periodos. Las imágenes satelitales también sirvieron para estimar la biomasa. «Descubrimos que el abandono de las tierras agrícolas era un fenómeno mucho mayor de lo esperado. En algunas zonas, calculamos que hasta un 20 % de la actual superficie forestal se usó como tierra agrícola en el pasado», afirma Velázquez. Los resultados preliminares también sugieren que las arboledas más recientes son sumideros de carbono igual de eficaces que los bosques más antiguos y consolidados. «Eso sugiere que los ecosistemas del Mediterráneo continental tienen un fuerte potencial de regeneración», añade Velázquez.

El valor de la regeneración

Velázquez cree que el proyecto envía un mensaje claro. Si hay árboles y arbustos cercanos, la vegetación puede colonizar las tierras agrícolas abandonadas rápidamente. En solo unas décadas, la biomasa puede usarse para secuestrar grandes cantidades de carbono de forma natural. «A pesar de que nos centramos en la región de Castilla y León, nuestros hallazgos son aplicables a otras regiones interiores de la península Ibérica y Europa meridional», explica. «Se suele pensar que la reforestación natural no tiene valor económico y que supone una amenaza debido a posibles incendios, pero hemos demostrado que ofrece un importante valor en cuanto al almacenamiento de carbono». El próximo paso, afirma Velázquez, podría ser estudiar este fenómeno en toda la región del Mediterráneo, junto con investigadores e instituciones de Francia, Grecia, Italia y Portugal. «Espero que la expansión forestal en las tierras agrícolas abandonadas empiece a generalizarse en la comunidad científica. Este proyecto subraya cómo los procesos naturales, que pueden tener un gran impacto positivo en nuestra vida, pueden ocurrir en las zonas menos espectaculares», destaca.

Palabras clave

CASE-CO2, carbono, bosque, agricultura, regeneración, secuestro, suelo agrícola, setos, árboles

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