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Modelling brain aneurysm to elucidate the role of platelets

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Nuevas oportunidades para el tratamiento de aneurismas intracraneales no operables

Prevenir la rotura de aneurismas intracraneales con fármacos en el futuro podría aliviar de forma notable la carga de los pacientes con aneurismas que no pueden tratarse quirúrgicamente.

Un aneurisma intracraneal (AIC) no roto se produce cuando se forma una protuberancia localizada en un vaso sanguíneo del cerebro. La rotura de la pared debilitada de este vaso puede causar hemorragias potencialmente mortales, que podrían derivar en un ictus, daño cerebral o incluso la muerte. «En la actualidad no existe ningún medicamento para tratar esta afección», explica Yacine Boulaftali(se abrirá en una nueva ventana) coordinador del proyecto Damocles en el Inserm(se abrirá en una nueva ventana) (Francia). «La única manera de tratar un AIC es mediante una intervención quirúrgica, pero conlleva riesgos importantes».

Las plaquetas y la formación y ruptura de un AIC

La decisión de operar no se toma a la ligera y depende de diversos factores. Para algunos pacientes, el tamaño, el ángulo y la localización del AIC hacen que la intervención sea prácticamente imposible, ya que los riesgos potenciales superan los beneficios. «Cuando esto ocurre, la decisión suele ser simplemente supervisar el AIC tal como está», agrega Boulaftali. «Esto hace que los pacientes sientan como si tuvieran una bomba en la cabeza que puede estallar en cualquier momento, lo cual puede llegar a ser muy estresante». El objetivo del proyecto Damocles, financiado por el Consejo Europeo de Investigación(se abrirá en una nueva ventana) (CEI), era encontrar nuevas soluciones para los pacientes con AIC no operables. El punto de partida consistió identificar los factores principales que pueden desencadenar una rotura. «Sabemos que estos factores desencadenantes incluyen la inflamación, enzimas que degradan las paredes de los vasos y la trombosis (es decir, la formación de coágulos dentro del aneurisma)», apunta Boulaftali. «Las plaquetas (células sanguíneas que participan en la coagulación) son un componente principal de la trombosis. Lo que aún no comprendemos del todo es el papel que desempeñan en la formación y la rotura de los AIC».

Seguimiento atraumático de la evolución del aneurisma

Para responder a esta pregunta, Damocles reunió a especialistas en cirugía neurovascular, biología vascular y hemostasia (es decir, coagulación de la sangre). «Gracias a la subvención del CEI, también pude formar un equipo que incluía un investigador posdoctoral, dos estudiantes de doctorado y varios becarios que vinieron a trabajar a nuestro laboratorio», comenta Boulaftali. El equipo del proyecto estudió la formación y la rotura de aneurismas en ratones, identificando los receptores plaquetarios responsables de funciones como la coagulación. Además, analizaron datos de plasma sanguíneo de pacientes con AIC, lo que ayudó a confirmar que las plaquetas desempeñan efectivamente un papel en los AIC. «También desarrollamos herramientas y procesos de imagenología para controlar la evolución de AIC», explica Boulaftali. Esto permitió al equipo llevar a cabo un seguimiento atraumático de la evolución de la enfermedad en modelos preclínicos. Estas técnicas podrían ser útiles para la supervisión de posibles terapias para AIC no operables.

Terapias dirigidas para aneurismas no operables

Un avance destacado fue la identificación y el patentado de dos moléculas que podrían bloquear determinados receptores plaquetarios y desempeñar un papel en la prevención de la rotura de aneurismas cerebrales. Boulaftali y su equipo ya están validando estas moléculas a través de INTERRUPT, un proyecto de seguimiento financiado por el CEI. «La cuestión ahora es si podemos bloquear estos receptores y qué implicaciones tendría esto en la rotura de AIC», comenta el investigador. «Además, las moléculas que hemos identificado pueden actuar sobre muchos elementos del organismo. Necesitamos encontrar formas de administrarlas de manera localizada, directamente en el AIC». Este trabajo podría abrir la puerta a posibles nuevas terapias dirigidas para aneurismas no operables, así como a herramientas atraumáticas para llevar a cabo un seguimiento del tratamiento. «Aún queda un mucho trabajo por hacer, pero hemos sentado las bases para una acción terapéutica», concluye Boulaftali.

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