Priorizar la ecologización urbana integrada y centrada en la vulnerabilidad
Cada vez hay más conciencia de que las infraestructuras verdes aportan numerosos beneficios a las ciudades. Entre otras cosas, ayudan a mitigar las altas temperaturas, crean oportunidades de producción local de alimentos e impulsan el bienestar general de los ciudadanos. Ejemplos de ecologización son los invernaderos en las azoteas, la plantación de árboles a lo largo de las calles y los espacios verdes en general. «La temperatura del aire es de media 1,3 grados más alta(se abrirá en una nueva ventana) en las calles con menos árboles que en las calles con más árboles», señala la coordinadora del proyecto URBAG(se abrirá en una nueva ventana), Gara Villalba, de la Universidad Autónoma de Barcelona(se abrirá en una nueva ventana).
Evaluar la implantación de infraestructuras verdes
Sobre la base de estos resultados, se puso en marcha el proyecto URBAG, financiado con fondos europeos, para determinar formas eficaces de aplicar las infraestructuras verdes para garantizar la sostenibilidad urbana. También pretendía abordar la falta de evaluación integrada y la necesidad de una evaluación más sistémica. El proyecto utilizó una serie de métodos y herramientas multidisciplinares para evaluar la aplicación de medidas como los corredores verdes y la agricultura urbana en Barcelona y Oslo. Estas herramientas incluían marcos para evaluar los riesgos hidrológicos urbanos, los beneficios netos de las infraestructuras verdes y la capacidad de determinadas medidas para abordar vulnerabilidades locales específicas (por ejemplo, el estrés térmico y la contaminación atmosférica). Se utilizaron evaluaciones del ciclo de vida para valorar los impactos ambientales asociados al consumo y los flujos de recursos (por ejemplo, agua, energía, materiales y producción de fertilizantes) a lo largo de todo el ciclo de vida de la agricultura urbana. También se evaluaron nuevos enfoques de toma de decisiones. «Eso fue crucial para planificar iniciativas como los escenarios de cubiertas verdes en Oslo», afirma Villalba. También se llevaron a cabo numerosas actividades de modelización computacional, como la modelización atmosférica y climática, la investigación y previsión meteorológicas y la modelización energética de edificios, por citar solo algunas.
Sistémico, integrado y centrado en la vulnerabilidad
Una de las principales conclusiones del proyecto, que contó con el apoyo del Consejo Europeo de Investigación(se abrirá en una nueva ventana), fue que la aplicación de las infraestructuras verdes debe ser sistémica, integrada y centrada en la vulnerabilidad. «Nuestra investigación demostró que maximizar la expansión de las infraestructuras verdes no siempre es eficaz», añade Villalba. «Las soluciones deben optimizarse para maximizar los efectos deseados, minimizando al mismo tiempo las consecuencias negativas no deseadas». Para ello, es esencial una planificación integrada y gestionar cuidadosamente las compensaciones. Aunque las infraestructuras verdes pueden reducir vulnerabilidades locales como la exposición al calor o la falta de espacios recreativos, a su vez puede aumentar vulnerabilidades, como el aumento de las necesidades de agua o las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas del mantenimiento y el uso de fertilizantes. La investigación también apoyó que se diera prioridad a la implantación de las infraestructuras verdes en zonas de alta vulnerabilidad (socialmente desfavorecidas y expuestas al clima) en lugar de una expansión uniforme por toda la ciudad. Las aportaciones de las partes interesadas, obtenidas mediante procesos participativos, son esenciales para ponderar estas vulnerabilidades y diseñar las soluciones más eficaces y equitativas.
Coordinación entre investigadores y urbanistas
El equipo de URBAG ha proporcionado orientaciones prácticas a los planificadores. Las recomendaciones para la política, la planificación urbana y la investigación se han publicado(se abrirá en una nueva ventana), junto con numerosos artículos e informes. «Los próximos pasos incluyen perfeccionar las metodologías, abordar los retos computacionales, garantizar la viabilidad a largo plazo de las infraestructuras verdes y trasladar la investigación a la práctica política generalizada», señala Villalba. «Uno de los mayores obstáculos detectados era el elevado coste computacional y las limitaciones de resolución espacial de la modelización de la calidad del aire urbano. La investigación futura debería integrar la modelización a escala micro y regional para evaluar con precisión los efectos del cambio del uso del suelo urbano en la calidad del aire a una escala mucho más fina». A Villalba y su equipo también les gustaría que continuara la colaboración entre investigadores, urbanistas y responsables políticos. El proyecto de prueba de concepto relacionado NUTRISOIL destaca la importancia de fomentar el diálogo y la colaboración entre sectores para vincular la gestión de residuos orgánicos con la producción sostenible de alimentos y los sistemas urbanos circulares. «Propondré un segundo proyecto de prueba de concepto para una planta que proporcione a los agricultores periurbanos biomasa residual resultante del mantenimiento de los parques», afirma Villalba.