¿Los propósitos de año nuevo están destinados a fracasar? La opinión de la ciencia
La tradición de hacer propósitos de año nuevo se remonta a hace unos cuatro mil años y, desde entonces, no hemos dejado de incumplirlos. Benjamin Gardner, profesor titular de Psicología en la Universidad de Surrey (Reino Unido), recomienda empezar a poner en práctica poco a poco los propósitos de año nuevo ya en noviembre o diciembre para tener más probabilidades de éxito en enero. Gardner es un investigador, profesor universitario y conferenciante especializado en la psicología del comportamiento habitual y el cambio de comportamiento.
¿Año nuevo, mismo yo?
«Muchas personas se despiertan el día de Año Nuevo sin estar dispuestas a aceptar el cambio. La clave radica en la preparación, así que todo lo que se pueda hacer antes del cambio de año natural puede ayudar a que los hábitos resistan el paso del tiempo», manifestó Gardner en una entrevista para el periódico británico «Daily Mirror»(se abrirá en una nueva ventana). «Hace frío y el tiempo es desapacible, por lo que no tienes la motivación necesaria para hacer cambios a mejor. Muchas veces el impulso de cambiar surge porque los demás lo hacen, pero esa presión suele producir el efecto contrario. Como todo el mundo lo hace, es posible que acabes comprometiéndote con algo que de verdad no quieres hacer y, por ello, empezar poco a poco es una buena idea, ya que te da margen para ver si quieres seguir adelante». Gardner explicó la psicología que subyace a los propósitos en una entrevista en «CNN»(se abrirá en una nueva ventana). «Un buen propósito es aquel que es realista, que supone un reto, pero un reto que de verdad se puede lograr».
La fuerza de la costumbre
Gardner destaca que, en último término, lo que queremos es que los propósitos se conviertan en una costumbre. «Un hábito no es necesariamente algo que se hace, sino la asociación que se crea entre un detonante en tu entorno cotidiano y la acción que se hace en respuesta a él... Muchos de nosotros, cuando nos despertamos, lo primero que hacemos es coger el móvil, no pensamos en lo que vamos a hacer, tan solo se ha convertido en una respuesta automática, algo que hacemos sin pensar». A lo que añadió: «Lo interesante de los hábitos es que pueden ser tanto amigos como enemigos de los propósitos de año nuevo... si eres capaz de hacer una acción concreta de forma constante en un contexto determinado, lo más probable es que logres crear un hábito con esa acción, y pase a formar parte de tu rutina automática, lo que facilita mantenerlo a lo largo del tiempo; eso es lo que hace que un buen hábito se convierta en una práctica consolidada. Por otro lado, un mal hábito es todo lo contrario: acciones que hacemos de forma automática, pero que en realidad no deseamos llevar a cabo, y que pueden dar al traste con nuestros intentos de cambiar nuestro comportamiento». Gardner participó en un estudio(se abrirá en una nueva ventana) llevado a cabo en 2025, según el cual la mayoría de nuestras acciones se basan en la costumbre y no en decisiones conscientes. «Nuestra investigación demuestra que, aunque la gente quiera hacer algo de forma consciente, poner en marcha y llevar a cabo ese comportamiento suele ocurrir de forma automática, guiado por hábitos no conscientes», comentó(se abrirá en una nueva ventana) Gardner sobre el estudio. «Esto sugiere que los “buenos” hábitos pueden ser una herramienta muy eficaz para lograr nuestros objetivos».