Nuevas estrategias para proteger nuestro patrimonio cultural subacuático
El patrimonio cultural subacuático (UCH, por sus siglas en inglés) que incluye desde antiguos puertos hasta pecios históricos, representa una parte extraordinaria pero muy vulnerable de nuestra historia común. Aunque los marcos internacionales como la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático de la UNESCO han establecido principios importantes, sigue existiendo una brecha considerable entre la política y la aplicación práctica. «Muchos yacimientos sumergidos afrontan amenazas medioambientales como el cambio climático, la corrosión y el impacto humano», explica el coordinador del proyecto TECTONIC(se abrirá en una nueva ventana), Mauro La Russa, de la Universidad de Calabria(se abrirá en una nueva ventana) (UniCal), en Italia. «Sin embargo, a menudo carecen de sistemas de seguimiento y documentación adecuados, materiales de conservación apropiados y estrategias de gestión integrales». El público tampoco es muy consciente del valor del patrimonio subacuático, en cierta forma porque una gran parte sigue siendo físicamente inaccesible para la mayoría de las personas.
Retos de la conservación y digitalización
Por ello, el equipo del proyecto TECTONIC se fijó dos objetivos fundamentales: mejorar las capacidades para proteger y documentar el patrimonio cultural subacuático y sensibilizar a los responsables políticos, las partes interesadas y el público en general. Para lograrlo, en el proyecto, apoyado por las Acciones Marie Skłodowska-Curie(se abrirá en una nueva ventana), se reunieron conocimientos especializados en ciencias de la conservación, vigilancia medioambiental, tecnologías digitales, inteligencia artificial y participación pública. «Se seleccionaron tres zonas piloto para probar nuestras metodologías en distintas condiciones ambientales», explica Michela Ricca, investigadora del proyecto, también de la UniCal. «Se trata del antiguo puerto de Egina y los restos sumergidos de Epidauro, en Grecia; la zona marina protegida de Capo Rizzuto, en Italia; y el pecio Emma, en el Golfo Nuevo, cerca de Puerto Madryn, en la Patagonia argentina». En estos yacimientos se realizaron estudios arqueológicos y medioambientales. Se recopilaron datos climáticos y medioambientales, acompañados de documentación en 3D avanzada mediante técnicas de fotogrametría y multiresolución optoacústica. Estos métodos permitieron al equipo del proyecto realizar una cartografía detallada y una reconstrucción digital de las estructuras sumergidas.
Evaluar los riesgos y planificar las intervenciones
Un éxito clave del proyecto ha sido el intercambio de conocimientos entre los distintos países y áreas de investigación. «Mediante comisiones de servicio y actividades de formación específicas, investigadores y profesionales pudieron compartir metodologías, métodos tecnológicos y prácticas de conservación», explica La Russa. En el proyecto también se puso a prueba un sistema de apoyo a la toma de decisiones que integra la vigilancia ambiental y la inteligencia artificial, lo que proporciona datos importantes para evaluar riesgos y planificar intervenciones sobre la base de pruebas científicas. Otro logro ha sido el desarrollo de sistemas robotizados que mejoran las actividades de inspección y documentación, lo que reduce al mismo tiempo los riesgos y costes operativos. «A la vez, los avances en las estrategias de conservación y las tecnologías digitales han mejorado tanto la precisión de la investigación como la capacidad de comunicar datos arqueológicos complejos a públicos más amplios», añade La Russa. Gracias a las actividades de difusión, el proyecto ha aumentado considerablemente la concienciación pública sobre el valor y la fragilidad del patrimonio cultural subacuático.
Fomentar la concienciación y la responsabilidad
Los próximos pasos incluyen consolidar y seguir desarrollando las herramientas y metodologías mejoradas o creadas durante el proyecto. La aplicación de estos métodos en diferentes contextos medioambientales y arqueológicos también contribuirá a ampliar el estado de la técnica y a confirmar su fiabilidad y adaptabilidad. «Mediante la integración de nuestras tecnologías y métodos en las políticas de gestión del patrimonio, nuestros resultados pasarán gradualmente de la validación experimental a la aplicación práctica y rutinaria», afirma Ricca. «De este modo, el trabajo realizado durante el proyecto puede seguir generando impacto a largo plazo en la protección, vigilancia y gestión sostenible del patrimonio cultural subacuático». Además, las nuevas formas de explorar el patrimonio cultural subacuático, apoyadas por tecnologías digitales en constante evolución, pueden hacer que estos sitios sean más accesibles para todos, al tiempo que se construye sobre una comprensión sólida del patrimonio y se fomenta la concienciación, la inclusión y la responsabilidad compartida.