Más allá de la botella: convertir las emisiones del vino en valor de origen biológico
El sector vitivinícola europeo está sometido a presiones para reducir las emisiones, disminuir los aditivos y funcionar de forma más sostenible, sin dejar de ser económicamente competitivo. El proyecto REDWine(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, ha afrontado estos retos transformando dos importantes flujos de residuos de las bodegas —emisiones de CO2 y efluentes líquidos— en productos de origen biológico. «REDWine demostró que podían tener un valor interesante», afirma el coordinador del proyecto, Miguel Cachão. Resulta que ese valor viene en forma de biomasa de microalgas, carbono capturado y un nuevo modelo de negocio circular para los productores de vino de toda Europa.
De los flujos de residuos a los nuevos mercados
La principal innovación del proyecto es un sistema integrado que captura, purifica y licua el CO2 liberado durante la fermentación, y lo almacena para su reutilización. El equipo de REDWine probó con éxito el sistema en condiciones reales de funcionamiento en su centro de demostración de Palmela (Portugal), donde recuperó dos toneladas de CO2 al año. El CO2 recuperado se reutilizó como insumo de crecimiento para el cultivo de microalgas. Las aguas residuales de las bodegas sirvieron de medio líquido, permitiendo el cultivo de «Chlorella vulgaris»(se abrirá en una nueva ventana), una versátil especie de microalga, en una serie de sistemas de fotobiorreactores desarrollados por el proyecto, entre los que se incluyen diseños planos, tubulares y controlados por inteligencia artificial. El proyecto REDWine calcula que su sistema puede lograr una reducción de más del 30 % de la huella de carbono en toda la cadena de valor del vino. La biomasa de microalgas producida mediante este proceso puede transformarse en proteínas, lípidos, pigmentos y compuestos bioactivos, encontrando aplicaciones en agricultura, cosmética, alimentación y en la propia elaboración del vino, donde los ingredientes a base de algas pueden sustituir a los sulfitos como conservantes.
Modelos de negocio escalables para las regiones vitivinícolas europeas
El proyecto desarrolló y probó tres modelos de negocio complementarios. En el modelo integrado en bodega, un único productor instala todo el sistema in situ. En el modelo de biorrefinería centralizada, las bodegas individuales producen biomasa, mientras que el procesamiento y la extracción de compuestos valiosos tienen lugar en una instalación regional compartida, lo cual reduce la inversión y la complejidad operativa para las bodegas. El tercer modelo consiste en un enfoque cooperativo, en el que una instalación centralizada compartida, o centro biológico, se encarga tanto del cultivo de algas como del procesamiento de la biomasa. La configuración ofrece una mayor escalabilidad y eficiencia, e incluye a las bodegas más pequeñas en el sistema, sin requerir grandes inversiones en infraestructura. «El proyecto REDWine propone una vía de comercialización por etapas», afirma Cachão. «Recomienda empezar con soluciones de captura de carbono en las bodegas y ampliarlas gradualmente hacia la cooperación regional y los centros de procesamiento centralizados». Al adoptar el sistema, las bodegas podrían generar nuevos ingresos por la venta de biomasa de microalgas, ingredientes bioactivos refinados, CO2 capturado y vinos sostenibles de primera calidad. El proyecto estima un mercado total de 3 550 millones de euros para los ingredientes derivados de microalgas. Más allá de los ingresos, el modelo de centro biológico cooperativo requeriría competencias especializadas en producción de algas, operaciones de biorrefinería y logística, lo que crearía nuevas oportunidades de empleo en las regiones rurales productoras de vino. El modelo muestra un gran potencial de reproducción, «sobre todo en el sur de Europa —España, Francia, Italia y Portugal—, donde convergen la mayoría de los viñedos, la disponibilidad de luz solar y las iniciativas de sostenibilidad», señala Cachão. Dichas regiones también cuentan con estructuras empresariales cooperativas que pueden servir de marco para centros biológicos y biorrefinerías compartidos. Y concluye: «A medida que crecen la tarificación del carbono, la certificación de sostenibilidad y la demanda de vinos ecológicos por parte de los consumidores, REDWine puede ampliarse a todas las regiones vitivinícolas europeas, pasando de proyectos piloto locales a un modelo continental que mejore el rendimiento medioambiental, la resiliencia económica y la innovación intersectorial en la economía de origen biológico».