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Systemic Innovations Towards a Zero Food Waste Supply Chain

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Proyectos integrados para abordar el desperdicio de alimentos

Para abordar de forma eficaz al desperdicio de alimentos, es necesario resolver las ineficiencias en todas las fases de la cadena alimentaria mundial.

Un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo se pierde o se desperdicia según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)(se abrirá en una nueva ventana), pese al aumento de la inseguridad alimentaria. Este despilfarro se produce en todas las fases de la cadena de suministro, desde la producción hasta el consumo. «Esta situación se debe a la fragmentación de los sistemas, la falta de datos, la desalineación de los incentivos y la escasa coordinación entre los agentes», explica la directora del proyecto ZeroW(se abrirá en una nueva ventana), Anna George, de Innovation Commercial Pathways(se abrirá en una nueva ventana) (Irlanda). «Las soluciones aisladas no son suficientes. En su lugar, el reto requiere un cambio coordinado en el sistema que aborde las dimensiones técnicas, de comportamiento, económicas y políticas en toda la cadena de suministro de alimentos». Este es el objetivo del proyecto ZeroW, financiado con fondos europeos. En lugar de centrarse en una única solución, el equipo del proyecto combinó múltiples tipos de innovación que abarcaban el proceso, la organización, la tecnología y la gobernanza. «Se diseñaron como ''paquetes de innovación'' integrados y adaptados a cadenas alimentarias reales», explica George. «El objetivo no era solo reducir los residuos, sino transformar el funcionamiento de los sistemas alimentarios, haciéndolos más eficientes, resilientes y sostenibles».

Laboratorios vivientes de innovación sistémica

La colaboración se llevó a cabo a través de nueve Laboratorios vivientes de innovación sistémica(se abrirá en una nueva ventana) (SILL, por sus siglas en inglés), donde se cocrearon y probaron soluciones en condiciones reales. Entre ellas, métodos basados en datos para controlar y evaluar el desperdicio de alimentos a lo largo de la cadena de suministro, desde los agricultores locales hasta los supermercados. También se desarrolló un envase sostenible para pescado azul fabricado con materiales compostables, junto con un «software» basado en la visión para garantizar una producción eficiente de tomates de invernadero y una previsión de la demanda basada en inteligencia artificial (IA). Otros SILL se centraron en el control de procesos de producción basados en datos, en redes eficientes de bancos de alimentos y en la comunicación con los consumidores. «Estos laboratorios vivientes permitieron una retroalimentación continua entre las partes interesadas», expresa George. «Así se garantizó que las innovaciones fueran prácticas, adaptables y acordes con las necesidades del mercado y las políticas. El planteamiento hacía hincapié en el aprendizaje colectivo y el desarrollo iterativo, en lugar de una aplicación fija y vertical».

Aplicación de indicadores técnicos, económicos y medioambientales

Las innovaciones se probaron en entornos operativos de distintas fases de la cadena alimentaria, desde antes de la cosecha hasta el consumo. Los resultados se evaluaron mediante una combinación de indicadores técnicos, económicos y medioambientales, incluida la reducción de los residuos alimentarios, las emisiones de gases de efecto invernadero y la mejora de la eficiencia de los sistemas. «Surgieron varias lecciones clave», señala George. «En primer lugar, reducir el desperdicio de alimentos requiere una fuerte colaboración en toda la cadena de suministro, ya que las acciones de un actor dependen a menudo de las de otros. En segundo lugar, la flexibilidad es esencial. Las soluciones deben adaptarse a los contextos locales, las condiciones del mercado y los marcos reglamentarios». George señala también que los cambios organizativos y de comportamiento son tan importantes como los tecnológicos, y que la consideración temprana de la escalabilidad y la sostenibilidad es fundamental para garantizar que las innovaciones puedan superar la fase piloto.

Plan para transformar los sistemas alimentarios

De cara al futuro, George cree que la atención inmediata debe centrarse en la ampliación y la replicación. «En ZeroW se han desarrollado estrategias regionales de ampliación, modelos empresariales y recomendaciones políticas para apoyar una mayor adopción de sus soluciones», señala. «En el proyecto también se esbozan las vías para ampliar los resultados hacia los objetivos de reducción de residuos alimentarios de la Unión Europea (UE) para 2030 y más allá». A largo plazo, el equipo de ZeroW aspira a contribuir a una transición hacia un nivel casi nulo de residuos alimentarios en 2050. «El legado del proyecto no solo estará en las soluciones individuales desarrolladas, sino en demostrar cómo con los métodos sistémicos y colaborativos se pueden abordar retos de sostenibilidad complejos», añade George. «Al mostrar cómo pueden cocrearse, probarse y ampliarse las innovaciones en entornos reales, el proyecto ofrece un modelo práctico para transformar los sistemas alimentarios en toda Europa y más allá».

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