Hacer frente al cáncer de cuello uterino mediante una comunicación específica
Los programas de cribado y el diagnóstico temprano son elementos fundamentales en la lucha contra el cáncer de cuello uterino, el cuarto tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres, ya que permiten detectar infecciones por el virus del papiloma humano (VPH), su principal factor de riesgo. «Muchos países europeos han puesto en marcha programas de vacunación y cribado del VPH», comenta Marc Bardou, coordinador del proyecto CBIG-SCREEN(se abrirá en una nueva ventana) en la Universidad de Borgoña(se abrirá en una nueva ventana) (Francia). «Aunque estos países han logrado reducir la mortalidad por cáncer de cuello uterino, parece que se ha llegado a un punto de estancamiento». Expertos como Bardou señalan que la causa de ello radica en que estos programas vitales siguen sin llegar a determinados grupos vulnerables, como las mujeres en situación de vulnerabilidad socioeconómica o las mujeres infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana, los dos grupos que presentan un mayor riesgo. El proyecto CBIG-SCREEN, financiado con fondos europeos y coordinado por el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica(se abrirá en una nueva ventana) (Inserm) de Francia, tenía por objeto abordar esta carencia.
Análisis de la repercusión de los programas de vacunación
Para lograr sus objetivos, el proyecto reunió a profesionales sanitarios, economistas del comportamiento, especialistas en ciencias sociales y expertos en comunicación para desarrollar intervenciones más específicas y efectivas. El equipo quería comprender mejor cómo fomentar la participación de los grupos de mayor riesgo en los programas de cribado. «La idea era desarrollar estrategias de comunicación que no solo llegaran a toda la población, sino que también estuvieran adaptadas a quienes resultan más difíciles de alcanzar», explica Bardou. «También queríamos convencer a los responsables políticos de la importancia y los posibles beneficios de este tipo de enfoques». El proyecto combinó investigación científica y trabajo de campo. Se analizó la organización y la repercusión de los programas de cribado en distintos países de Europa, prestando especial atención a tres de ellos, representativos de diferentes regiones del continente: Estonia, Portugal y Rumanía.
Llegar mejor a los grupos más vulnerables
«Este trabajo dio lugar a varios resultados importantes», comenta Bardou. «Por ejemplo, de los veintidós países europeos que respondieron a nuestra encuesta, solo seis reconocían adecuadamente que determinados grupos de mujeres presentan un mayor riesgo de desarrollar cáncer de cuello uterino». Además, el equipo constató que incluso algunos países que afirmaban disponer de programas de cribado adaptados a las mujeres vulnerables carecían en realidad de ellos. También identificó varios factores que dificultan la participación de muchas mujeres en los programas de cribado. Entre ellos figuran el miedo al diagnóstico, así como el pudor y la vergüenza asociados a la infección por el VPH. Estos factores se identificaron en todos los países europeos participantes y constituyen una de las principales causas de no participación. En Portugal, uno de los países incluidos en el estudio, se evaluó el envío de mensajes de texto como herramienta para informar, sensibilizar y animar a mujeres en situación de vulnerabilidad económica a participar en los programas de cribado. La estrategia no dio los resultados esperados. En Rumanía, sin embargo, la toma de muestras gratuita para la detección del VPH por parte de las propias pacientes tuvo una buena acogida. No obstante, se descubrió que muchas de las muestras no se tomaban correctamente. «Esto demuestra que debemos comunicar mejor cómo hacer la prueba», agrega Bardou. «Hubo un gran interés por el automuestreo, pero las mujeres necesitan orientación».
Combinar el cribado y la vacunación
Los hallazgos del proyecto servirán de base para el nuevo proyecto europeo HPV-FASTER-Implement. En él, el equipo estudia ofrecer simultáneamente el cribado del VPH y la vacunación a mujeres vulnerables de entre veinticinco y cuarenta y cinco años. Bardou y sus colaboradores consideran que reducir el número de interacciones necesarias puede mejorar la protección de las poblaciones con menor acceso a estos servicios. «CBIG-SCREEN también nos enseñó la importancia de implicar a los responsables políticos», concluye Bardou. «Además, queremos mejorar la alfabetización en salud sobre la prevención del cáncer de cuello uterino, no solo entre las mujeres, sino también entre los profesionales sanitarios. Necesitamos la colaboración de todos».