Un sistema de purificación solar lleva agua potable a comunidades sin conexión a la red
Casi dos mil millones de personas en el mundo siguen sin tener acceso a agua potable(se abrirá en una nueva ventana). El cambio climático, la sobreexplotación de los recursos hídricos y la contaminación están agravando este problema al aumentar la salinidad y la concentración de sustancias tóxicas en muchas fuentes de agua. Tecnologías como la ósmosis inversa han supuesto un gran avance en la desalinización, pero requieren electricidad, un mantenimiento especializado y piezas de recambio costosas. Todo ello dificulta su utilización en muchas comunidades remotas y de bajos ingresos. Estas limitaciones son especialmente importantes en las comunidades más pequeñas y sin conexión a la red, donde los sistemas convencionales de desalinización suelen resultar poco viables. En el proyecto SAFEWater-SDCW, financiado por el Consejo Europeo de Innovación(se abrirá en una nueva ventana), se apostó por una solución diferente. En el marco de esta iniciativa, coordinada por la empresa neerlandesa SolarDew(se abrirá en una nueva ventana), un equipo de investigadores desarrolló un sistema de purificación de agua que aprovecha el calor del sol, en lugar de la electricidad, para eliminar sales, metales pesados, bacterias y virus del agua contaminada. «Las personas de estas comunidades necesitan una solución sencilla, asequible, fiable y fácil de usar. Ahí es donde entra en juego SolarDew», comenta Alexander van der Kleij, director general y cofundador de SolarDew. SAFEWater-SDCW se enmarca en los objetivos de la Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica(se abrirá en una nueva ventana), que promueve soluciones innovadoras para mejorar la seguridad hídrica y aumentar la resiliencia frente al cambio climático de las comunidades.
Imitar a la naturaleza para obtener agua limpia
Aunque el dispositivo recuerda a un panel solar, su función no es generar electricidad, sino producir agua potable. El agua contaminada se calienta con la energía del sol y se evapora a través de una membrana diseñada específicamente para este fin. El vapor resultante se condensa para producir agua limpia que, a continuación, se remineraliza para mejorar tanto su sabor como sus propiedades para el consumo. A diferencia de muchos sistemas convencionales, esta tecnología no necesita suministro eléctrico, bombas de alta presión ni productos químicos para limpiar las membranas. «En este caso, menos es más», explica van der Kleij. «No hay sistemas complejos que puedan averiarse y que sean difíciles de mantener y reparar en zonas rurales». Durante el proyecto, el equipo perfeccionó tanto la membrana como el proceso de fabricación. La integración de la membrana en una innovadora bolsa de purificación, fabricada mediante tecnologías utilizadas en la industria del envasado, permitió desarrollar un sistema mucho más rentable, sin renunciar a su durabilidad ni a la posibilidad de producirlo a mayor escala. La tecnología también ha demostrado su capacidad para eliminar una amplia variedad de contaminantes. Las pruebas demostraron también que el sistema, además de desalinizar agua de mar, elimina contaminantes de origen natural presentes en aguas subterráneas salobres, como el arsénico. Esto amplía sus posibilidades de aplicación en comunidades con problemas de calidad del agua de distinta naturaleza.
De la demostración a la implantación
La investigación ya ha traspasado los límites de las pruebas de laboratorio. Se han instalado sistemas de demostración en Chile y en la isla griega de Creta, mientras que se están manteniendo conversaciones con comunidades y socios en Kenia y otras regiones afectadas por la escasez de agua. Estas instalaciones piloto permiten evaluar no solo el comportamiento de la tecnología en condiciones reales, sino también los aspectos relacionados con su fabricación, instalación y mantenimiento a mayor escala. «Durante los próximos dos años trabajaremos junto con nuestros socios y clientes para seguir mejorando el producto. Nos centraremos en optimizar su fabricación, facilitar su implantación y hacerlo aún más sencillo de utilizar, al tiempo que reducimos los costes y nos aseguramos de que responda a todas las necesidades», comenta van der Kleij. De cara al futuro, los investigadores están explorando nuevos modelos de negocio, entre ellos el suministro de «agua como servicio», con el fin de que esta tecnología resulte asequible para las comunidades que no pueden asumir la compra de los equipos. Su objetivo a largo plazo es crear un modelo de referencia que facilite el despliegue de esta tecnología en regiones de todo el mundo afectadas por el estrés hídrico. «Creo que las tecnologías descentralizadas, como SolarDew, pueden desempeñar un papel mucho más destacado, del mismo modo que ocurrió con los paneles solares en el suministro de energía», concluye van der Kleij. «Si damos a conocer estas tecnologías y demostramos que existen alternativas para resolver los problemas de quienes todavía carecen de acceso, podremos contribuir a crear comunidades más saludables, sostenibles y resilientes frente al cambio climático».