¿Son los sueños más importantes de lo que pensamos?
Aún no hemos comprendido del todo por qué pasamos aproximadamente una tercera parte de nuestra vida en un estado inconsciente, ya sea durmiendo o intentando hacerlo. Dedicamos aproximadamente una cuarta parte del tiempo total que dormimos a soñar. Soñamos todas las noches y, por la mañana, casi todos los sueños se han olvidado. Por desgracia, no son mensajes divinos de los dioses, como creían las civilizaciones antiguas. La mayoría de nuestros sueños están marcados por emociones negativas, como la ansiedad, el miedo y la tristeza, más que por la alegría. Pero ¿por qué algunos sueños son tan vívidos y reales, mientras que otros parecen imprecisos y no tienen ningún sentido?
De esto están hechos los sueños
Un equipo de investigación de la Escuela de Estudios Avanzados IMT de Lucca, en Italia, ha demostrado que tanto los rasgos individuales como las experiencias vitales compartidas influyen en gran medida en lo que soñamos. En otras palabras, los sueños no son aleatorios, sino reflejos sofisticados de nuestra vida cotidiana. Los resultados se publicaron en la revista «Communications Psychology»(se abrirá en una nueva ventana). «El sueño es un estado en el que el encéfalo está más desconectado del entorno en comparación con la vigilia», explicó la autora principal e investigadora de la IMT, Valentina Elce, en una entrevista(se abrirá en una nueva ventana) reciente. «Así pues, cuando dormimos, nuestro encéfalo tiene, básicamente, libertad para explorar conceptos y conexiones lejanas con una interferencia mínima del mundo exterior. Procesa toda la información que hemos adquirido durante el día para permitirnos aprender cosas nuevas y consolidar nuestros recuerdos». Mediante técnicas de procesamiento del lenguaje natural (PLN), los investigadores analizaron y compararon más de 3 700 experiencias oníricas de casi 290 voluntarios de entre 18 y 70 años durante el período comprendido entre 2020 y 2024. Durante dos semanas, los participantes registraron sus experiencias diarias, mientras los investigadores recopilaban datos sobre su sueño, su función encefálica, su personalidad y sus perfiles psicológicos. El equipo examinó factores como el interés por los sueños, la sensación de vívididad o fragmentación de estos, los acontecimientos de la vida cotidiana y la frecuencia con la que la mente de una persona divaga. Los resultados revelaron que los sueños no son simplemente una reproducción directa de los acontecimientos cotidianos. Aparecían entornos familiares, como los lugares de trabajo y de estudio, pero no se correspondían con la realidad. En cambio, parecía que la mente le daba su propio giro creativo a la realidad.
Somos lo que soñamos
En general, el estudio demostró que los sueños extraños, fragmentados y en constante cambio están relacionados con una mente que divaga. Los sueños profundos y emocionalmente intensos se relacionaban con una firme creencia en la importancia y el significado de los sueños. En el estudio también se puso de relieve el potencial de la inteligencia artificial en la investigación sobre los sueños, lo que demostró que los modelos de PLN pueden captar de forma fiable el significado y la estructura de los sueños con la misma precisión que las personas expertas. Esto allana el camino para una investigación modulable y reproducible sobre la conciencia, la memoria y la salud mental. «Nuestros hallazgos muestran que los sueños no son solo un reflejo de experiencias pasadas, sino un proceso dinámico moldeado por quiénes somos y lo que vivimos», concluyó Elce en una noticia de la IMT(se abrirá en una nueva ventana). «Al combinar datos a gran escala con métodos computacionales, hemos podido descubrir patrones en el contenido de los sueños que antes eran difíciles de detectar».