La malnutrición en Etiopía: un problema sistémico que requiere una respuesta intersectorial coordinada
Etiopía y muchos otros países de renta baja y media deben hacer frente a una doble carga de la malnutrición, en la que la desnutrición coexiste con un aumento del sobrepeso y la obesidad, sobre todo entre las mujeres de las zonas urbanas. La mayoría de las políticas y los programas se han centrado en combatir la desnutrición y han dado prioridad a la educación nutricional y a los cambios de comportamiento. El objetivo del proyecto TAMMIE, respaldado por las acciones Marie Skłodowska-Curie (MSCA, por sus siglas en inglés), era llevar a cabo un análisis integral de la doble carga de la malnutrición que fuera más allá de los enfoques tradicionales. Para ello, se analizaron los factores principales que determinan las distintas formas de malnutrición, las perspectivas de las comunidades, las políticas existentes, las prioridades y las principales partes interesadas.
Incorporar las vivencias de las mujeres al corpus de datos empíricos
La malnutrición afecta sobre todo a las mujeres en edad reproductiva y los niños menores de cinco años. Mejorar su alimentación es fundamental y puede contribuir a romper el círculo vicioso intergeneracional de las distintas formas de malnutrición. La investigación efectuada en TAMMIE se centró en estos grupos de población en Etiopía. Las mujeres emplearon PhotoVoice(se abrirá en una nueva ventana), un método de fotografía participativa, para expresar sus vivencias y las dificultades que afrontan a diario para garantizar una alimentación adecuada tanto para ellas como para sus hijos, así como para proponer posibles soluciones. «Las mujeres participaron en el proceso de investigación como colaboradoras, no como meros sujetos de estudio. Sus vivencias se analizaron junto con los datos científicos y la información de las políticas públicas, lo que ayudó a formular recomendaciones fundamentadas tanto en datos empíricos como en la realidad cotidiana», explica Rebecca Pradeilles, beneficiaria de una beca de investigación individual MSCA y directora del proyecto, vinculada al Instituto Nacional de Investigación para el Desarrollo Sostenible de Francia y al Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias. Los resultados se dieron a conocer a investigadores, responsables de la toma de decisiones y al público general a través de exposiciones, una publicación fotográfica(se abrirá en una nueva ventana) y un documento de orientación política(se abrirá en una nueva ventana).
Las barreras económicas y estructurales tienen más peso que la falta de información
Los resultados revelaron un desajuste entre las dificultades que encuentran las mujeres para alimentarse de forma saludable y el énfasis que muchas intervenciones siguen poniendo en la información y la educación nutricionales y en los cambios de comportamiento. «Las mujeres de Adís Abeba señalaron sistemáticamente las dificultades económicas y estructurales que les impiden seguir una alimentación saludable, entre ellas la falta de ingresos suficientes y de tiempo debido al reparto desigual de las responsabilidades domésticas, en particular del cuidado de los hijos. Asimismo mencionaron la falta de instalaciones adecuadas para cocinar en el hogar, los elevados precios de los alimentos, la preocupación por la inocuidad de los alimentos y los entornos alimentarios poco saludables», comenta Pradeilles. Las mujeres también propusieron soluciones, como abaratar los alimentos saludables, crear mecanismos de apoyo comunitario y adoptar políticas que regulen la promoción de alimentos poco saludables. Tanto las dificultades detectadas como las soluciones propuestas variaron según el grupo socioeconómico, lo que destaca la necesidad de adaptar las intervenciones a las características de cada grupo.
Superar la fragmentación y establecer prioridades
La investigación demostró que las numerosas políticas de Etiopía en materia de nutrición abordan por separado las distintas formas de malnutrición y se siguen centrando sobre todo en la desnutrición. El análisis de las partes interesadas reveló además la complejidad del entramado de actores que intervienen en el ámbito de la nutrición, entre ellos las administraciones públicas, los donantes, los investigadores y la sociedad civil, así como la necesidad de reforzar su colaboración. Las partes interesadas identificaron la nutrición materna, la lactancia materna y la agricultura sensible a la nutrición como prioridades clave de actuación. Una de las principales conclusiones de la investigación es que la malnutrición debe abordarse como un problema sistémico y no solo como un problema de salud. «En Etiopía, la doble carga de la malnutrición obedece a factores alimentarios, sociales, económicos e institucionales interrelacionados. Por tanto, es necesario abordarla mediante una respuesta intersectorial coordinada y contar con una participación efectiva de las personas más afectadas en la búsqueda de soluciones», destaca Pradeilles. «Los resultados de la investigación servirán de base para elaborar una hoja de ruta intersectorial destinada a combatir todas las formas de malnutrición en Etiopía», agrega Kaleab Baye, colaborador del proyecto e investigador de la Universidad de Adís Abeba. La coordinación entre los sectores de la salud, la educación, la protección social y los sistemas alimentarios podría contribuir a reducir tanto la desnutrición como el sobrepeso y la obesidad, y a limitar sus repercusiones en las generaciones futuras. También favorecería un mejor uso de los recursos y reduciría los costes a largo plazo asociados a la malnutrición y las enfermedades conexas.