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Inventores motivados por vivencias personales

Dos de los galardonados recientemente con los Premios al Inventor Europeo del Año estuvieron motivados por vivencias personales. El ganador en la categoría de investigación de PYME se dedicó a crear una máquina más eficaz para la exploración ocular después de que su hijo se qu...

Dos de los galardonados recientemente con los Premios al Inventor Europeo del Año estuvieron motivados por vivencias personales. El ganador en la categoría de investigación de PYME se dedicó a crear una máquina más eficaz para la exploración ocular después de que su hijo se quedara ciego de un ojo. Por su parte, Van L. Phillips, premiado en la categoría de investigación extracomunitaria, se adentró en el campo de las prótesis tras perder una pierna en un accidente de esquí acuático. CORDIS Noticias conversó con ellos acerca de sus inventos y el modo en que han revolucionado los campos correspondientes. En 1992, con tan sólo cinco años de edad, el hijo de Douglas Anderson quedó ciego de un ojo por un desprendimiento de retina que no se detectó a tiempo. A pesar de no haber estudiado óptica, el Sr. Anderson se dedicó a crear un sistema para explorar el ojo que fuera más eficaz y menos molesto para el paciente. El resultado fue el oftalmoscopio láser de exploración Optos, un dispositivo que proyecta un haz compuesto de dos láseres sobre el ojo del paciente y lo manipula en un ángulo de exploración de 200 grados. La luz reflejada por la retina se analiza y se convierte en una imagen digital. Este examen dura una fracción de segundo y no requiere dilatación de pupila. En la actualidad la mayoría de exploraciones oculares se realiza con un sistema más anticuado, pero el Sr. Anderson y sus colaboradores tienen grandes esperanzas de que algún día su sistema sea el más común en las clínicas oftalmológicas. Su empresa está dando su máquina a las clínicas y cobrándoles por cada examen. Se facilita a las clínicas una amplia orientación y apoyo para ayudarles a emplear la máquina de forma eficaz. El propio hijo del Sr. Anderson se encuentra entre los pacientes que se han beneficiado del invento. Cuando iba a cumplir veintiún años se dio cuenta de que empezaba a perder visión en su ojo bueno. Padre e hijo se dirigieron de inmediato al hospital, donde el Sr. Anderson pudo valerse de la máquina para diagnosticar el problema. Tras someterse a dos operaciones, salvaron la visión de su hijo, que ahora puede ver e incluso leer sin dificultad. Entretanto, este dispositivo está sirviendo para comprender numerosas enfermedades oculares y la efectividad de la medicación que se emplea para tratarlas. Van L. Phillips tenía tan sólo 21 años de edad cuando, en 1976, sufrió un accidente de esquí acuático y perdió parte de una pierna. Sería poco decir que le decepcionó la prótesis que le ofrecieron. «Hacía poco que el hombre había llegado a la Luna, ¡y a mí me ofrecían un pie que valía 50 dólares!», recordó. «Estaba convencido de que tenía que haber algo mejor.» Con su prótesis anterior sólo podía caminar con lentitud; era, según relató, como caminar con botas de esquí. «Son prótesis pesadas e incómodas», recalcó. La idea de su innovador diseño se le ocurrió leyendo un artículo que trataba sobre los animales más rápidos de la Tierra. Algunos animales como el guepardo tienen tendones y ligamentos extremadamente largos que enlazan los músculos al esqueleto. Actúan a modo de tiras elásticas gigantes que conservan energía cuando el tendón está estirado y la liberan al regresar a su tamaño normal, de forma que impulsan al animal hacia adelante. El Sr. Phillips decidió crear una prótesis de grafito con forma de C que se basaba en este concepto de conservación de energía. Al principio en el campo de la ortopedia hubo reacciones de distinto signo; los especialistas más mayores recibieron el diseño con escepticismo, mientras que los más jóvenes se mostraron más receptivos. Con la ayuda de algunos ingenieros, el primer «Flex Foot» (pie flexible) se fabricó en apenas dos semanas. El Sr. Phillips se lo calzó y echó a correr por un pasillo. «Distaba mucho de ser perfecto, pero proporcionaba ese efecto de muelle y permitía correr», explicó. El diseño fundamental no ha cambiado sustancialmente desde la creación de ese primer pie en 1981, aunque sí ha variado, con distintos tipos de talón, amortiguadores y rotadores. Uno de los usuarios más famosos del pie flexible es el velocista sudafricano Oscar Pistorius, a quien se prohibió recientemente competir en los Juegos Olímpicos normales porque, supuestamente, sus prótesis eran tan buenas que le dotaban de una ventaja injusta con respecto al resto de los atletas. Mientras, el Sr. Phillips está trabajando en un sistema con el que mejorar el acoplado de la prótesis al muñón. «Si yo, como persona a quien se ha amputado un miembro, tuviera que elegir entre un pie que funciona bien y un buen ajuste, escogería siempre lo segundo, porque no importa que una prótesis sea muy buena si te duele, ya que entonces no puedes hacer nada», explicó. Su sistema consiste en una serie de cámaras de aire que se inflan y desinflan para asegurar que el ajuste entre la prótesis y el muñón siga siendo perfecto aunque cambie con el paso del tiempo. También dedica gran parte de su tiempo a dirigir la Second Wind Foundation, la cual estableció para ayudar a quienes han perdido extremidades por culpa de minas terrestres. Actualmente se están probando dos tipos de prótesis para pie que tienen un coste asequible. ¿Qué consejo daría el Sr. Phillips a quienes sufren un problema para el que se les ofrece una solución absolutamente deplorable? Cuando perdió la pierna mucha gente le dijo que simplemente tenía que resignarse. Él recomienda encontrar un equilibrio entre aceptar la realidad y esforzarse por mejorar la situación. «Uno puede encontrar el equilibrio entre aceptar la realidad e, instalado en esa sensación de paz, seguir adelante y esforzarse por hacer realidad ciertos impulsos creativos», señaló. «Y hay que pensar por uno mismo, porque habrá muchos que te digan que no va a salir bien.»

Países

Reino Unido, Estados Unidos

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