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Las tripas no mienten: un sensor basado en el estómago para supervisar la salud de las vacas

Casi la mitad de los rebaños lecheros muere debido a enfermedades. Un sensor para tragar puede proporcionar a los ganaderos una alerta rápida de enfermedad y así reducir los costes y aumentar el bienestar.

Alimentos y recursos naturales

Aunque el ganado en libertad puede vivir durante décadas, las vacas lecheras de las granjas comerciales tienen una esperanza de vida de tan solo 5,4 años. Las enfermedades relacionadas con la lactancia y el embarazo dan como resultado la muerte prematura de hasta el 40 % de un rebaño, lo que supone una pérdida económica inmensa, así como un alto coste en cuanto al medio ambiente y el bienestar animal. El proyecto rumicon, financiado con fondos europeos, investigó el potencial comercial de un sensor que permanece en el estómago para proporcionar a los ganaderos una alerta rápida de problemas veterinarios. Lars Abraham, coordinador del proyecto, comenta: «En la actualidad, la mayoría de los ganaderos utilizan la reducción en la producción de leche como señal de que algo va mal. Pero esto es susceptible de ser un indicador muy tardío de varias enfermedades bovinas, de ahí la necesidad de sensores».

Señal de radio

A través de dropnostix, Abraham ofrece a los ganaderos un sensor de plástico que las vacas pueden tragarse y que permanece en el retículo, la segunda de las cuatro cavidades del estómago de las vacas. El dispositivo puede medir la temperatura, el movimiento y las contracciones del rumen, una clave de diagnóstico para los veterinarios. Una estación base de radio situada en el establo se comunica de forma inalámbrica con el sensor desde una distancia de hasta cuarenta metros, y recopila datos cada hora o con mayor frecuencia durante las etapas clave del ciclo de vida del animal, como el embarazo y el parto. El ganadero recibe los datos de dropnostix y decide qué medida tomar en función de las lecturas.

Comportamiento anormal

Mediante el sensor patentado, dropnostix puede proporcionar alertas rápidas de fiebre e identificar vacas que se alimentan o beben agua de forma anormal. Abraham afirma: «No se nos permite decir al ganadero cómo tratar a las vacas, eso es decisión del ganadero. Sin embargo, podemos decir “esta vaca tiene un comportamiento anormal, puede ser debido a una enfermedad”. Cuando cuidas de mil vacas, ayuda saber a cuáles debes prestar atención». El sensor tiene un tamaño similar al de un puño, comparable a un bolo de calcio de los que suelen darse a las vacas como tratamiento, explica Abraham, a lo que añade que es un procedimiento estándar que a los ganaderos no incomoda realizar. Una vez colocado, el sensor no se digiere, sino que permanece en el estómago hasta que se sacrifica la vaca, por lo que la batería integrada dura hasta cinco años.

Primer objetivo, Europa, segundo objetivo, América Latina

dropnostix vende un paquete que incluye una tarifa de instalación única para el equipo de radio, un cargo de servicio por el flujo de datos y una tarifa de «hardware» por sensor. Abraham afirma que la empresa tiene contratos con ganaderos hasta 2021, con más de cien sensores en vacas a día de hoy, y otros 1 500 que están a la espera ser entregados una vez se relajen las restricciones de movimiento causadas por la COVID-19. Rumicon contó con el apoyo del programa Horizonte 2020 de la Unión Europea. «Este apoyo nos ayudó a construir una red con un mentor de Suiza —comenta Abraham, quien planea solicitar una beca para la segunda fase—. Ahora necesitamos financiación para la fase siguiente. Tenemos a productores lácteos de América Latina que nos preguntan cuándo estaremos listos para entrar allí en el mercado. Ese es nuestro objetivo principal: crear una empresa internacional de éxito basada en Europa a partir de dropnostix».

Palabras clave

rumicon, vaca, rumen, sensor, tripas, estómago, retículo, enfermedad, rebaño, lácteo, ganadero, COVID-19

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