¿Por qué los científicos fabrican robots que se pueden comer?
Una batería de chocolate, un dron que se puede comer, comida para peces que nada... Bienvenidos al mundo de los robots comestibles y la comida robótica. Los avances en ciencia de los materiales, electrónica y robótica están empezando a hacer que estos conceptos sean técnicamente viables. Al hacer realidad estas ideas a través del proyecto ROBOFOOD(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, los científicos están abriendo nuevas vías para pensar en la sostenibilidad, la nutrición y la interacción entre el ser humano y la tecnología. «Los investigadores trabajan cada vez más en robots biodegradables para la supervisión medioambiental y la sostenibilidad, así como en dispositivos electrónicos comestibles para aplicaciones médicas», afirma Dario Floreano, coordinador del proyecto ROBOFOOD. «Queremos dar un paso más allá en estos métodos y utilizar únicamente materiales comestibles para fabricar robots que no solo sean biodegradables e ingeribles, sino también capaces de aportar valor nutricional a los seres humanos y los animales».
Diseñar alimentos que funcionen
El equipo de ROBOFOOD se propuso desarrollar dispositivos que no solo realizaran tareas robóticas típicas, como agarrar, detectar o mover, sino que también pudieran consumirse de forma segura al final de su vida útil. Estas tecnologías comestibles también pueden utilizarse para elaborar alimentos robóticos: alimentos que pueden percibir y reaccionar a su entorno, por ejemplo, cambiando de forma, moviéndose o alterando su olor y sabor. Para hacerlo posible, el proyecto seleccionó materiales comestibles y los procesó de formas innovadoras para que actuaran como sensores, actuadores, interruptores electrónicos y dispositivos de almacenamiento de energía, manteniendo al mismo tiempo su valor nutricional y el cumplimiento de la normativa alimentaria de la Unión Europea. Uno de los principales retos fue equilibrar el rendimiento robótico con las propiedades de los alimentos. «Los cuerpos robóticos comestibles deben ofrecer integridad estructural y, al mismo tiempo, ser masticables. Los sensores y transistores comestibles deben detectar y procesar señales ambientales sin utilizar metales tóxicos, y las baterías comestibles deben suministrar suficiente corriente y ser totalmente seguras», explica Floreano. El equipo de ROBOFOOD ha desarrollado una biblioteca con alrededor de 200 materiales comestibles inteligentes y métodos de procesamiento que cumplen tanto los requisitos funcionales como los de seguridad.
Aplicaciones en el mundo real
El proyecto validó su planteamiento mediante varios demostradores. Rescue RoboFood es un dron semicomestible para rescates y asistencia a distancia en situaciones de desastres. Sus alas y su cuerpo son comestibles, lo que libera capacidad de carga para transportar agua. «En comparación con un dron convencional del mismo tamaño, eso permite que lleguen más calorías e hidratación a las personas en situaciones de emergencia», señala Floreano. Con el objetivo de preservar la vida silvestre y mejorar el bienestar de los animales de granja, el equipo desarrolló robots acuáticos comestibles(se abrirá en una nueva ventana), que son básicamente pellets de comida para peces que se mueven en la superficie del agua como si fueran presas naturales. Este movimiento podría atraer a los peces de manera más eficaz, mejorando la eficiencia alimentaria y reduciendo el desperdicio y la contaminación del agua causados por el pienso no consumido. En cuanto a la comida robótica para humanos, el equipo de ROBOFOOD se centró en experiencias gastronómicas novedosas. En la Exposición Universal de 2025 celebrada en Osaka (Japón), el equipo presentó RoboCake(se abrirá en una nueva ventana), un pastel con baterías de chocolate comestibles que alimentaban velas y osos de gelatina robóticos que bailaban y se abrazaban entre sí. Junto con los principales demostradores, el proyecto ROBOFOOD aportó avances tecnológicos adicionales. Entre ellos figuran pequeños robots comestibles capaces de saltar, un actuador blando comestible ecológico y la primera batería comestible recargable(se abrirá en una nueva ventana), desarrollada en colaboración con el proyecto ELFO, financiado por el Consejo Europeo de Investigación y dirigido por Mario Caironi en el Instituto Italiano de Tecnología. El equipo prevé una amplia gama de aplicaciones futuras. «ROBOFOOD allana el camino para una nueva generación de robots que podrían lanzarse en masa en la naturaleza para la supervisión medioambiental o para suministrar nutrición a los animales», afirma Floreano. A largo plazo, estas tecnologías también podrían permitir el desarrollo de sistemas comestibles para la inspección gastrointestinal, a la espera de nuevas investigaciones y colaboraciones médicas.