¿Duermen alguna vez los colibríes?
Cualquiera que haya supervisado la fiesta de cumpleaños de un niño lleno de azúcar podría discrepar, pero nada se acerca al consumo y gasto de energía de un colibrí. «Estas aves son absolutamente atípicas desde una perspectiva fisiológica», afirma Graham, un ecólogo del Instituto Federal Suizo de Investigación Forestal, de la Nieve y del Paisaje WSL(se abrirá en una nueva ventana). «Queman enormes cantidades de energía, algo así como el equivalente a un ser humano comiendo 300 hamburguesas al día».
Estilos de vida que consumen mucha energía
Tales cantidades de energía son necesarias para encontrar alimento (los colibríes se alimentan casi exclusivamente de néctar, aunque algunos también comen insectos). Son expertas en planear, para lo que necesitan hasta 1 000 pulsaciones por minuto y unos increíbles 50 a 80 aleteos por segundo. «Sus singulares articulaciones alares les permiten aletear en forma de ocho, lo que las convierte en expertas planeadoras», añade Graham. Eso les permite acceder de forma extremadamente eficaz al néctar altamente energético de las flores. El día típico de un colibrí transcurre, por tanto, en una búsqueda constante de alimento. Después de dos o tres horas sin nutrición, algunas especies incluso mueren.
Los beneficios del sueño
Todo esto suena agotador. La buena noticia es que los colibríes también saben tomárselo con calma. Por la noche pueden desactivar varios procesos corporales, enfriándose, y reducir su frecuencia cardiaca a unas 50 pulsaciones por minuto. Este estado de torpor profundo, como se le llama, les permite conservar enormes cantidades de energía. Sin embargo, eso tiene un coste. En este estado, las aves están más expuestas a los depredadores, y la falta de sueño adecuado puede afectar a su sistema inmunitario. Por eso, los colibríes pueden adaptar los patrones de sueño a sus necesidades específicas. También pueden caer en lo que se denomina torpor superficial, un estado de reposo ligero. «Aquí reducen su temperatura corporal unos 3 °C», señala Graham. «Obtienen algunos de los beneficios del sueño y pueden salir del letargo más rápidamente si es necesario». Los colibríes pueden moverse con flexibilidad entre el torpor superficial y el profundo. Eso les permite ajustar sus patrones de sueño a sus necesidades energéticas. Graham también señala que las hembras de colibrí que anidan rara vez recurren al torpor, ya que necesitan calentar sus huevos y estar alerta ante los depredadores. «Los colibríes equilibran constantemente sus necesidades energéticas tanto de noche como de día», afirma Graham. «Hacen todo lo posible para ganar energía al menor coste».
Una especie única
Hay muchos otros factores que hacen únicos a los colibríes. Tienen lenguas especializadas que atrapan fluidos, menos plumas en el cuerpo para ayudar a disipar el calor y grandes regiones del hipocampo del cerebro relacionadas con la memoria espacial, lo cual les ayuda a recordar dónde están las flores. El interés de Graham por los colibríes procede de su investigación sobre la deforestación tropical y cómo ésta puede afectar a las interacciones entre distintas especies. Graham coordinó el proyecto Ecol of interactions, financiado por el Consejo Europeo de Investigación(se abrirá en una nueva ventana), que aportó nuevos conocimientos sobre el modo en que las distintas especies de colibríes interactúan con su entorno. El trabajo ayudará a elaborar estrategias de conservación específicas y eficaces para el futuro. «Saber qué plantas son importantes significa saber qué plantas se deben plantar en un proyecto de restauración», explica Graham. «Después me gustaría obtener financiación para estudiar el impacto de las sequías en los colibríes». Más información sobre la investigación de Catherine Graham: Developing the predictive ecology of plant-animal interactions across space and time