Una perspectiva bioarqueológica sobre las trayectorias vitales protoetruscas
Durante el primer milenio a. C., en Italia surgieron diversos grupos culturales que pasaron de organizarse en pequeñas comunidades a concentrarse en prósperos centros urbanos. Los etruscos lideraron esta transformación y llegaron a constituir algunas de las ciudades-Estado más poderosas del Mediterráneo occidental. Los investigadores de TULAR(se abrirá en una nueva ventana), un proyecto respaldado por las acciones Marie Skłodowska-Curie cuyo nombre significa «frontera» en etrusco, estudiaron cómo la movilidad humana y las redes sociales contribuyeron a configurar un marco cultural común entre estas comunidades protoetruscas. También analizaron su evolución durante periodos de grandes transformaciones, cuando algunos grupos se fueron desvinculando de la red original y siguieron trayectorias sociopolíticas diferentes.
Una metodología integrada de muestreo
El análisis de péptidos de amelogenina se utilizó para determinar el sexo biológico a partir de las proteínas conservadas en el esmalte dental de individuos inhumados. Esta técnica es más fiable que los métodos osteológicos tradicionales, más económica y requiere un muestreo menos destructivo que el análisis de ADN antiguo. El equipo estudió con mayor detalle a los individuos inhumados de origen no local, identificados mediante la relación isotópica 87Sr/86Sr. Para ello, utilizó espectrometría de masas con plasma acoplado inductivamente y multicolector mediante ablación láser, con la que pudo reconstruir con gran resolución sus desplazamientos durante la infancia a lo largo del desarrollo dental. Todos los datos se combinaron y analizaron con el entorno de programación estadística R para interpretar en detalle los resultados. «La integración de los datos biogeoquímicos con los datos arqueológicos tradicionales, en particular los procedentes de contextos funerarios, hizo posible analizar la movilidad humana con mayor detalle que mediante los métodos convencionales por sí solos», explica Stefano Benazzi, coordinador de TULAR y catedrático de Antropología Física en el Departamento de Patrimonio Cultural de la Universidad de Bolonia. Un aspecto importante de TULAR fue el uso de métodos de muestreo mínimamente destructivos. El equipo desarrolló el protocolo NOWA: NOthing goes to WAste(se abrirá en una nueva ventana) para optimizar la toma de muestras de dientes antiguos para los análisis histológicos, biomoleculares y biogeoquímicos. Con NOWA se pueden obtener distintos tipos de datos a partir de una pequeña muestra de un único espécimen, sin alterar la morfología original del diente.
Reconstrucción de las trayectorias vitales
La metodología de TULAR se aplicó en diversos yacimientos, como Veyes, Tarquinia y Vulci, en la propia Etruria, y Sala Consilina y Fermo, fuera de Etruria. En Fermo, el equipo pudo determinar, con una resolución aproximada de una semana, en qué momento de la infancia un individuo de origen no local se trasladó a la zona y si su alimentación fue cambiando con el tiempo. Cabe destacar que el análisis del hipogeo de los Cai Catu(se abrirá en una nueva ventana), en Perugia, permitió reconstruir la relación de una familia etrusca con el paisaje circundante a lo largo de tres siglos, entre los siglos III y I a. C. «Intentamos reconstruir las trayectorias vitales de las poblaciones del pasado teniendo en cuenta las distintas etapas de la vida de cada individuo. Para ello, integramos los datos bioarqueológicos con el estudio de las prácticas funerarias y situamos a los difuntos en su contexto sociocultural», explica Carmen Esposito, investigadora principal de TULAR y responsable de la investigación. Por ello, la metodología de TULAR podría tener importantes repercusiones para la investigación arqueológica en distintos ámbitos geográficos y periodos históricos.