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Gender Equality in Rural and Agricultural Innovation SystemS

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El método sostenible y centrado en la comunidad de las mujeres emprendedoras rurales

Identificar los retos que afrontan las mujeres en el sector agrícola y las características de las innovaciones impulsadas por ellas contribuye a la igualdad de género y a los objetivos del Pacto Verde Europeo.

Las zonas rurales de Europa albergan al 25 % de la población de la Unión Europea (UE) y abarcan el 75 % de su territorio. Para construir comunidades fuertes y prósperas, en la iniciativa visión rural(se abrirá en una nueva ventana) de la Comisión Europea se reconoce la importancia de contar con comunidades diversas e inclusivas en las que se anime a todas las personas a desarrollar plenamente su potencial. Sin embargo, para que esta visión se haga realidad, es necesario abordar los retos sociales y económicos que afrontan las mujeres en la agricultura(se abrirá en una nueva ventana). El equipo del proyecto GRASS Ceiling(se abrirá en una nueva ventana), financiado con fondos europeos, invirtió en innovaciones lideradas por mujeres para apoyar a las mujeres emprendedoras.

La estrategia «de la granja a la mesa» de las agricultoras

Las innovaciones lideradas por las mujeres en la agricultura suelen ser de pequeña escala y de carácter local. Producen alimentos para los mercados locales y utilizan materiales que, de otro modo, se convertirían en residuos. También se centran en la comunidad, produciendo bienes de consumo con materiales locales y mano de obra local, y priorizan a la participación local con iniciativas como visitas educativas a granjas para niños. Las innovaciones pequeñas y centradas en el ámbito local son ejemplos positivos de una agricultura sostenible, pero plantean retos financieros. «A las mujeres les resulta difícil acceder a cantidades de dinero pequeñas para poner en marcha sus proyectos. Algunas buscan crear un negocio por cuenta propia o empleo para entre una y tres personas, y la mayor parte de la financiación disponible para emprendedores se centra en iniciativas que generen altos ingresos, den empleo a más de diez personas y estén orientadas a la exportación», explica la coordinadora del proyecto, Sally Shortall.

En los laboratorios vivientes se fomenta la innovación

En el proyecto se coordinaron nueve laboratorios vivientes en nueve países de la UE (Croacia, Escocia, España, Irlanda, Italia, Lituania, Noruega, Países Bajos y Suecia). En cada caso, el laboratorio contó con la colaboración de un socio académico y una organización de partes interesadas relevante, que seleccionaron entre seis y ocho mujeres para cada laboratorio. En cada laboratorio se siguió un programa similar para el desarrollo del espíritu emprendedor. «Pagamos a las mujeres una tarifa diaria para demostrarles que valorábamos su tiempo como emprendedoras. Las mujeres lo agradecieron mucho y algunas nos dijeron que eso les permitía justificar el hecho de ausentarse de sus responsabilidades familiares para asistir al laboratorio viviente», comenta Shortall. Las innovaciones apoyadas por el proyecto fueron muy diferentes, desde la puesta en marcha de una empresa de jabón natural y la adquisición de una heladería local cerrada hasta el plan para crear una granja educativa. En un caso, la innovación surgió de una fuente muy personal: el objetivo de crear un jabón lo suficientemente suave para la piel sensible de su hija. Shortall explica que «Gail Daniels, una emprendedora rural irlandesa con profundas raíces en su comunidad, ha dado un paso audaz al crear Bó Bar Soap, una empresa que produce un jabón natural y artesanal con leche de vaca procedente directamente de la granja de su familia».

Igualdad de género y políticas

Las mujeres emprendedoras pueden y deben desempeñar un papel importante en la construcción de unas comunidades rurales resilientes y respetuosas con el medio ambiente. Sin embargo, las políticas gubernamentales, en particular la próxima versión de la política agrícola común(se abrirá en una nueva ventana), deben satisfacer las necesidades de estas aliadas fundamentales. Shortall espera que las oficinas locales de apoyo a la empresa ofrezcan un mayor respaldo a las microempresas. Muchas de las mujeres que participaron en GRASS Ceiling comentaron que se les repetía constantemente que no eran emprendedoras. Esta respuesta socavó los esfuerzos por conseguir la financiación necesaria, así como la confianza requerida para llevar a cabo las innovaciones. «En GRASS Ceiling se ha demostrado el gran valor que tienen las mujeres para la agricultura y el desarrollo rural», afirma Shortall. «Son innovadoras, tienen visión de futuro y están centradas en la sostenibilidad y las prácticas regenerativas. Es hora de garantizar que se atiendan sus necesidades».

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